De las cenizas de la guerra a las semillas de la paz

No hace mucho tiempo, Sierra Leona, país situado en África Occidental, acogía la mayor operación de mantenimiento de la paz del mundo. Hoy en día, efectivos militares de este país se están poniendo los cascos azules para prestar servicio en las Naciones Unidas en otras partes conflictivas del mundo. Es esta una de las extraordinarias historias que cabe evocar ahora que las Naciones Unidas ponen fin a la Misión política que han llevado a cabo en el país a lo largo de los últimos seis años y para asegurarse que se mantenga la paz que tanto ha costado lograr.

Sierra Leona solía ser sinónimo de brutalidad. La guerra salvaje que asoló al país durante un decenio se caracterizó por terribles atrocidades contra los civiles.

Obligado a actuar, el mundo respondió apoyando una serie de misiones de las Naciones Unidas políticas y de mantenimiento de la paz. En ese proceso, la comunidad internacional allanó el camino a grandes avances que tendrán consecuencias mucho más allá de Sierra Leona en los años venideros.

Debemos atribuir el mérito a quien realmente corresponde: la paz de la que fui testigo en la ceremonia de clausura celebrada en Freetown este mes es, ante todo, un logro del pueblo de Sierra Leona, que dio muestras de una enorme determinación para sanar heridas y reconstruir el país. Las Naciones Unidas se enorgullecen de haberle prestado su apoyo, y le damos las gracias por haber demostrado que nuestra labor es valiosa.

Sierra Leona fue testigo de muchas “primicias” en las Naciones Unidas: acogió la primera operación multidimensional de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz, con mandatos de carácter político, humanitario, de seguridad y para la recuperación nacional; fue el país que recibió la primera visita realizada por la Comisión de Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas; y nuestra última misión en el país estuvo encabezada por el primer oficial superior de las Naciones Unidas que dirigía una presencia política y de desarrollo unificada.

Las Naciones Unidas se enorgullecen de haber contribuido a establecer el Tribunal Especial para Sierra Leona, que pasó así a convertirse en el primer país de África en establecer, con la participación de las Naciones Unidas, un tribunal en su propio territorio para enjuiciar los crímenes internacionales más graves.

Cuando concluyó su labor, el año pasado, el Tribunal Especial para Sierra Leona fue el primer tribunal de las Naciones Unidas o apoyado por las Naciones Unidas en completar con éxito su mandato. La condena del ex Presidente de Liberia, Charles Taylor, dictada por el Tribunal Especial fue la primera condena de un ex Jefe de Estado desde Nuremberg y sirvió como advertencia de que incluso los máximos dirigentes debían pagar por sus crímenes. En otros juicios se condenaron por primera vez los ataques contra personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas, los matrimonios forzados como crímenes de lesa humanidad y la utilización de niños soldados.

Esos hitos se sumaron a un sólido historial de logros. Los cascos azules de las Naciones Unidas desarmaron a más de 75 mil excombatientes, incluidos cientos de niños soldados, y destruyeron más de 42 mil armas y 1,2 millones de cartuchos. Las Naciones Unidas ayudaron a más de medio millón de refugiados y desplazados internos de Sierra Leona a regresar a sus hogares y prestaron apoyo para la capacitación de miles de agentes de policía locales. Las Naciones Unidas ayudaron al Gobierno a luchar contra la extracción ilícita de diamantes que alimentaba el conflicto, así como a lograr el control de las zonas afectadas. Con la ayuda de las Naciones Unidas, los ciudadanos de Sierra Leona votaron en sucesivas elecciones libres y limpias por primera vez en su historia.

Desde que fuera establecida hace seis años con carácter de misión política civil, la Oficina Integrada de las Naciones Unidas para la Consolidación de la Paz ha ayudado a Sierra Leona a consolidar los avances logrados, haciendo frente a tensiones que podrían haber causado una recaída en el conflicto, fortaleciendo las instituciones y promoviendo los derechos humanos. Ayudó al Gobierno a impulsar el proceso político, haciendo hincapié en el diálogo y la tolerancia, y reforzó también a la policía nacional, apoyando incluso el establecimiento de la primera Dependencia de Lucha contra la Delincuencia Organizada Transnacional en África Occidental.

Nuestra última misión es retirarnos de Sierra Leona, pero un equipo de las Naciones Unidas permanecerá en el país hasta que arraigue el desarrollo a largo plazo, a fin de apoyar la buena gobernanza, la educación de calidad, los servicios de salud y otros requisitos esenciales para el progreso.

Otros países ahora sumidos en conflictos, divididos por el odio y heridos por atrocidades pueden albergar esperanzas gracias a Sierra Leona. El pueblo de Sierra Leona ha dado el mayor voto de confianza posible a la labor de mantenimiento de la paz al enviar efectivos para que presten servicio en los lugares donde hoy en día ondea la bandera de las Naciones Unidas, pues entiende que la buena voluntad nacional, respaldada por el apoyo internacional, puede permitir que incluso las zonas más devastadas disfruten de una paz duradera.

Ban Ki-Moon Secretario General de las Naciones Unidas
De las cenizas de la guerra a las semillas de la paz