«En Sierra Leona siguen muriendo familias enteras por el ébola»

La vida de Toni Martí discurre entre su casa en Gandia y las ayudas que ha realizado por todo el mundo como voluntario. Este valenciano pertenece a una Unidad de Respuestas de Emergencias de Cruz Roja, unos grupos preparados «para ser destinados en 72 horas a cualquier lugar del planeta para construir una especie de ambulatorios» de urgencia. Ha estado en catástrofes como las inundaciones de Haití o el terremoto de Chile en 2010, y hace escasas horas que regresó de Sierra Leona, donde ha levantado un segundo centro sanitario en el que tratar el devastador virus del ébola, que sigue azotando en diversos países de África.

«Todavía están muriendo familias enteras» a causa de esta enfermedad infecciosa que hay «que coger a tiempo», lamenta el voluntario, quien exige mayor «ayuda internacional para encontrar una solución», puesto que se trata «de un problema que sólo pueden resolver» los países con mayor capacidad económica. «¿Cómo? Construyendo más centros de tratamiento como los que ya hemos levantado».

Durante el mes de agosto Martí se desplazó por primera vez hasta Sierra Leona. «En verano montamos un centro en la provincia de Kemana y ya empieza a sentirse su repercusión. En estos momentos, han dejado ya de acudir afectados de esta región a tratarse, sólo lo hace gente de zonas limítrofes». Además, desde la administración se «lleva a cabo una importante campaña de sensibilización con el objetivo de que los que pueden estar infectados acudan al médico».

El principal problema en muchas ocasiones, y especialmente en los municipios más rurales, es que la población sigue teniendo miedo al qué dirán. «Para ellos, sufrir la enfermedad es como un estigma», destaca el valenciano. Ante ello, continúan habiendo infectados cuando no se toman las medidas de seguridad e higiene que recomiendan los doctores. «Muchas familias dejan al enfermo en casa en lugar de llevarlo a un hospital, esto conlleva que quienes viven con él acaben contagiándose». Otro motivo que describe Toni Martí tiene que ver con los entierros, que en nada se parecen a los de España. «Tienen rituales con los que despiden al fallecido. Lo acaricia, lo abrazan y lo besan, lo que puede hacer que en un momento se infecten unas 40 personas». Lógicamente, ya se ha pedido que no se lleven a cabo, aunque no siempre se hace caso a las autoridades.

Ante todas estas circunstancias, la situación en Sierra Leona «sigue siendo muy complicada. Se han logrado importantes avances, pero continúa muriendo mucha gente. Nosotros, para construir el ambulatorio contamos con el apoyo de unos 100 habitantes de la zona y todos ellos han perdido a algún familiar o han estado a punto de hacerlo por culpa del ébola».

El nuevo centro de salud se ha montado en la provincia de Koidu, al este del país, y esperan que tenga la misma repercusión positiva que el anterior. Los equipos de trabajo tienen restringido el tiempo que pasan en un país, «puesto que psicológicamente no es sano». Durante el mes que ha pasado en África, el voluntario valenciano ha trabajado «de seis de la mañana a doce de la noche, sin parar ningún día. Incluso en Nochevieja, nos comimos las uvas en el horario español (las 23.00 en Sierra Leona) porque mucha gente lo que estaba deseando era ir a dormir».

Para Toni, lo importante en estos momentos es acabar con el virus en el continente africano, ya que considera «muy complicado que vuelva a entrar en Europa porque se toman medidas de seguridad extraordinarias. Yo, antes de coger el avión pasé cinco controles. Luego, al hacer escala en Marruecos, nos volvieron a examinar para asegurarse de que no estábamos contagiados», destaca este voluntario valenciano que está deseando volver a tener vacaciones para, en cuanto lo llamen a otra misión, poder ayudar a la gente que más sufre.