Sierra Leona: la libertad religiosa nunca ha sido amenazada

A pesar de su gran riqueza mineral, la República de Sierra Leona es uno de los países más pobres de la tierra. Tras una guerra civil extremadamente brutal que duró 11 años en torno a los llamados “diamantes de sangre”, este pequeño país del África occidental está estabilizándose lentamente desde 2002.

Sin embargo, sigue profundamente marcado por el desplazamiento de cientos de miles de personas y el recuerdo de las masacres, los niños soldados y la lucha desesperada de muchas personas por huir de la violencia y la agitación.

Ante estos antecedentes, puede parecer sorprendente que el derecho básico a la libertad religiosa nunca haya sido amenazado en Sierra Leona. El artículo 24 de la Constitución reconoce el derecho de todo ciudadano a profesar su fe y a vivirla, individual o colectivamente, en público, difundirla y también a cambiar de religión.

Nadie puede ser obligado a prestar un juramento contrario a su religión o a otras convicciones personales. La ley permite que se imparta enseñanza religiosa en los colegios de las comunidades religiosas; los alumnos son libres para decidir si quieren participar o no. 

Las relaciones entre las distintas comunidades religiosas son, básicamente, buenas. No son en absoluto infrecuentes los matrimonios entre musulmanes y cristianos y en numerosas familias viven bajo el mismo techo miembros de distintas religiones o confesiones. 

Más de tres cuartos de la población es musulmana y el resto cristianos, sobre todo, entre los que se cuentan protestantes, católicos y miembros de las comunidades pentecostales.

También hay seguidores de las religiones africanas tradicionales, además de bahaíes, hindúes y judíos. Entre los cristianos, las comunidades evangélicas son especialmente populares.

Muchos musulmanes y cristianos practican además, al mismo tiempo, cultos africanos tradicionales. El Consejo Interreligioso, compuesto por representantes musulmanes y cristianos, representa un importante papel en la promoción de la convivencia religiosa pacífica. La Iglesia católica también goza de plena libertad para llevar a cabo su apostolado misionero.

Durante el período estudiado no se han producido en el país cambios institucionales significativos ni incidentes dignos de consideración relacionados con la libertad religiosa.

Fuente: aleteia.org