El sufrimiento humano es igual en una guerra que con el ébola

Manuela Cabero Morán es leonesa de nacimiento, médica anestesista de profesión y cooperante de vocación. Última misión: ébola. Hace pocas semanas regresó de su segunda estancia humanitaria en Sierra Leona. «Muy buena experiencia, aunque como médicos no estamos acostumbrados a esos índices de mortalidad, que ahora son del 52% pero fueron superiores», lamenta.

Cuando dejó el país en febrero ya no había pacientes en los centros que Cruz Roja Española abrió para el ébola. «Ahora el trabajo está en las comunidades», añade. Concienciar a la población para que avisen de cualquier muerte «ha sido decisivo». Siguen en guardia.

Nacida en San Cristóbal de la Polantera, Cabero está en León como vicepresidenta nacional de Cruz Roja Española para inaugurar la exposición Con las víctimas de la guerra en el Palacio del Conde Luna. Cruz Roja Española conmemora 150 años de acción humanitaria con las fotografías de Jean Mohr en colaboración con la Embajada de Suiza y el Elysée Laussane del país helvético. «España fue, junto con Bélgica, la primera delegación nacional en crearse después de Suiza», precisa esta leonesa que milita en el ‘frente’ humanitario de Cruz Roja también como presidenta de la oenegé en Castilla La Mancha.

La exposición tiene como objetivo mostrar a la población «el sufrimiento humano» que generan las guerras, no sólo con muertos y heridos sino también con millones de personas desplazadas y olvidadas. Son más de 50 millones, una cifra que supera las de la II Guerra Mundial. «Un país como Líbano, con cinco millones de habitantes, tiene un millón de refugiados por la guerra en Siria», apunta. «A medida que se gana en cultura y bienestar pensamos que deberian acabar las guerras, pero hemos tenido en Europa guerras impresentables como la de los Balcanes y hay muchos conflictos olvidados en que son una tragedia en Sudán, Congo, Mali…». En todos ellos está Cruz Roja y su Comité Internacional (CICR).

El sufrimiento humano «es igual ante una guerra que ante el ébola», afirma Manuela Cabero. La diferencia entre una guerra y el ébola es que la primera «es evitable» y ante la epidemia que «no se pudo hacer nada antes de su aparición». Las amputaciones se multiplican en las guerras y ante el ébola hay que esperar a que el cuerpo reaccione.

De todas sus misiones, Cabero admite que «Bosnia me ha marcado más y eso que en Irak estuve en plena invasión, en el 2003. Pero Bosnia era una guerra entre hermanos, una guerra civil con un objetivo claro de limpieza étnica», apostilla.

Además visitó las instalaciones de Cruz Roja en León acompañada de José Varela y José Ignacio de Luis, presidentes autonómico y provincial, y de dos enfermeras con las que trabajó en Sierra Leona, Kate Chapman, de Cruz Roja de Australia, y Johanna Arvo, de Finlandia. «Con la formación que se imparte aquí, Cruz Roja consigue empleabilidad», destacó.

Fuente: diariodeleon.es