La peor epidemia de ébola de la historia recuerda los estragos de la guerra civil en Sierra Leona

La hoguera es generosa. Cuatro troncos de más de un metro y medio de largo arden por una punta y las llamas suben altas. Como en la aldea de Kumala, en el norte de Sierra Leona, apenas hay electricidad, en seguida hay catorce sillas alrededor de la lumbre. Pero los presentes no sólo han llegado atraídos por la luz y el calor.

Cada noche, vecinos del pueblo y trabajadores humanitarios organizan el Fire to fire, un debate-conversación que se alarga durante horas. Se escoge un tema -¿medicina tradicional o científica?, ¿pena de muerte o reinserción?- y sólo hay una norma: hay que posicionarse, escoger una de las dos opciones planteadas, y argumentar. En mitad de la peor epidemia de ébola de la historia, a menudo esos debates nocturnos son una radiografía a vuela pluma de un país que sufre una crisis que hace mucho que dejó de ser sólo sanitaria para convertirse también en una crisis económica, humanitaria y social.

Cuando Michael Pessema, que ejerce de chairman o agitador, lanza la pregunta de esta noche a bocajarro -¿Qué fue peor, la guerra civil de Sierra Leona o el ébola?-, muchos se remueven en sus sillas. ¿Se puede comparar el dolor? “Los dos horrores -dice Pessema- han herido y arruinado a nuestro país; hablemos de ello”, dispara.

Tras unos segundos de silencio, Balla Musa Kamara rompe el hielo. Antes de la epidemia, era profesor, pero cuando el virus cerró todas las escuelas del país, se reconvirtió en pinche de cocina en el campamento de Médicos del Mundo (MdM) y Oxfam en Kumala. “El ébola es mas peligroso, no sabes donde está el enemigo. Llega de cualquier lado y ha paralizado la economía nacional; hay ex compañeros de mi colegio que ahora deben recoger hojas para venderlas y sobrevivir. El virus te afecta aunque no enfermes”.

No hace falta ninguna intervención más para encender el debate. Hasta tres chicos alzan la mano para pedir turno. Sesay Romeo, un chico de almacén que resopla tres sillas más para allá, recibe el turno palabra: “¿De qué estás hablando? Con el ébola, si sigues las reglas de higiene, no te contagias. Durante la guerra solo podías esconderte, no había tiempo para nada, solo pensabas en sobrevivir. Recuerdo beber agua con los ojos cerrados el agua turbia para no ver los bichos que flotaban dentro”.

Del año 1991 al 2002, Sierra Leona sufrió una guerra civil iniciada por un grupo rebelde (el Frente Revolucionario Unido) que usó el terror para controlar territorios y minas de diamantes. Las mutilaciones de brazos, piernas, narices y orejas de civiles, cuyo único pecado era vivir en territorio simpatizante del adversario, se convirtieron en norma. Para

“La guerra siempre es peor”

Tembeso, supervisor de enfermería, como para muchos otros, el recuerdo de la guerra sigue fresco en la memoria. “La guerra siempre es peor. ¿Sabéis por qué? Durante la guerra ni siquiera este fuego podría haber estado encendido. Había miedo”.

Desde diciembre de 2013, cuando el brote de ébola llegó por primera vez a África Occidental, más de 24.000 personas han sido infectadas y más de 10.000 han muerto en Liberia, Guinea y Sierra Leona. Pero esas son solo las cifras oficiales. Miles de personas más han muerto escondidas en el bosque o enterradas en secreto. Pilar crespo, enfermera española de MdM sabe que hay más muertos.

“El ébola no negocia la paz. No se puede convencer al virus para que deje de matar. No solo es cuestión de atrocidades, la capacidad de destrozar una sociedad, una economía y colapsar un sistema sanitario de un país es mayor en una epidemia como ésta. Mucha gente ha muerto de enfermedades tratables, de infecciones, malaria o por problemas durante el parto por miedo a ir al hospital y contagiarse. ¿Qué va a ser del futuro de Sierra Leona si no paramos el ébola?”.

La intervención de Pilar provoca un murmullo. El profesor Balla y Mussa Kabo, guarda de seguridad, se atropellan en su respuesta. Mientras habla, Mussa cierra de vez en cuando los ojos, como si le costara recordar. O como si recordara demasiado bien. “La guerra fue peor. En la guerra me escondí en el bosque y como no había comida, tuvimos que comer hojas. Durante el ébola puedo comer. La guerra mató a muchos de mis familiares, a gente que no debía morir.

La guerra es mas peligrosa porque está hecha por el hombre”. Balla también recuerda demasiadas cosas. “Durante la guerra, huí a Guinea y fui aceptado. Pero el ébola ha hecho que tus propios familiares tengan miedo de ti y prefieran dejarte morir solo. Y no hay nada peor que morir solo”.

“El virus es peor”

Cuando le toca el turno a Paul, miembro del equipo de rastreo, que recorre las aldeas para informar de los métodos de contagio y busca a posibles enfermos para aislarlos, hace una pausa de varios segundos y todos escuchan. Él vivió la guerra en sus carnes, pero también ha estado en la primera trinchera contra la epidemia. “Tanto la guerra como el ébola son terribles, pero mi opinión es que el virus es peor”.

Dejadme que os de un ejemplo -dice-, los funerales mas indignos se han producido durante estos días. Incluso durante la guerra la gente se enterraba dignamente. Quizás no había nada que comer, pero tu familia te despedía, en estos días la gente ni se atreve a tocarte ni a lavarte. El ébola ha hecho indigno el ultimo adiós”.

Dean Dim, enfermero, se levanta de la silla. “¡Pero si te dejaban atrás! Cuando llegaban los rebeldes, todos corríamos y los cuervos y buitres se comían los cadáveres. ¿Qué dignidad hay en ello?”, escupe.

El debate se alarga hasta la madrugada. A veces las voces se atropellan, pero el chairman Pessema reparte los turnos y hace bromas para relajar las cosas cuando las posiciones se enconan demasiado. Nadie habla de oídas y para todos los presentes los muertos tanto de la guerra como del ébola tienen nombre y apellidos porque eran vecinos, amigos o familiares.

Incluso aunque los cadáveres sean de otras guerras. Cuando el fuego empieza a consumirse, pide la palabra Jordan Lam, enfermero nacido en Sudán del Sur. Sabe perfectamente qué es vivir en un país en conflicto eterno. Desde 1955, su país sólo ha vivido 18 años de paz intermitente. “El ébola -explica- dejará pronto de ser una cuestión de hombres muertos para ser una cuestión de hombres pobres.

Se han hecho enormes esfuerzos internacionales, diez veces mas que durante la guerra, para parar el virus y el ébola sigue aquí. ¿Creéis que es mejor que la guerra porque ahora hay paz? No, en nuestras mentes estamos en guerra, no hay paz en nuestro interior. ¿Creéis que ahora somos libres? No, el miedo reina en Sierra Leona. Y nadie sabe cuándo acabará. Si acaba”.

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