Sierra Leona, un país sin ancianos

La aldea se mueve al ritmo de sus manos de cáñamo. Aún no ha cumplido los 60 pero aquí es un anciano. Y ser anciano en África es algo que se premia con relevancia social. Mohamed Sannoh es el alcalde de Dumakbe, un remoto villorrio de casas de barro donde el ébola ha golpeado muy duro. Lejos de huir, son los ancianos los que organizan la defensa de la aldea contra el virus. Sin medios médicos, crearon una cuarentena en el edificio del colegio los primeros días para los enfermos y los sospechosos de serlo y contactaron con las autoridades para recibir ayuda desde el exterior. De 30 personas que contrajeron la enfermedad, 26 murieron a los pocos días. “No sabiamos qué enfermedad era. Y no teníamos medicinas ni trajes ni guantes. Nada“, dice Sannoh como si llevara toda la vida declarando ante los medios.

Su nación, Sierra Leona, es el peor lugar para convertirse en veterano. La esperanza de vida, según datos de la OMS, ronda los 47,5 años (la media mundial es de 67), una cifra comparable a las de Europa durante la Revolución Francesa.

La explicación para este retraso es clara: después de una guerra civil atroz que dejó una legión de viudas, huérfanos y mutilados, Sierra Leona se quedó con un sistema de salud indigno de tal nombre incapaz de cubrir las necesidades médicas más básicas de la población. No hay agua potable, saneamiento en las calles, higiene de los alimentos, acceso básico a fármacos (no pueden pagarlos) y un analfabetismo de la población que supera el 80%. En realidad, el ébola sólo supone una preocupación más a añadir al brote anual de cólera, el dengue o la terrible malaria, el verdadero asesino de África.

Otra de las razones de la baja esperanza de vida tiene que ver con la mala nutrición. Las privaciones de que imponen determinados lugares donde el hambre es endémica (sobre todo la franja del Sahel) hacen que muchas madres no bauticen a sus hijos hasta los dos años de edad. Ese es el momento en el que consideran que su hijo tiene más posibilidades de vivir, y por tanto ya merece tener su nombre. Mandioca, sorgo, cuscus… la dieta no suele ser equilibrada por falta de proteinas y exceso de hidratos de carbono. No es extraño ver a niños en los hospitales enfermos por una extraña desnutrición,la kasnor: con aspecto hinchado, pero hambrientos por dentro.

El consejo de ancianos de Dumakbe está representado por el alcalde y otros cinco venerables ataviados con la taqiyah o gorro musulmán. Cuando ellos hablan de uno en uno, toda la aldea, reunida al rededor, escucha con atención. Aquí no existe la jubilación ni nada parecido. Una persona mayor está activa hasta el final de sus días porque posee algo muy valioso: la experiencia.

Los 29 países con peor nivel de vida son todos africanos. Hay que viajar al puesto 30 por la cola para encontrar a Afganistán (60 años de esperanza de vida), que está mejor que Nigeria (53 años, la economía más fuerte del continente), Angola (52, con el enorme potencial de sus reservas de petróleo) y la pujante Ruanda (60), que crece cada año casi al 10% del PIB. En la lista de esperanza de vida también destaca la pequeña Swazilandia. A las anteriores razones hay que sumarle, en este caso, la tasa de Sida más grande del planeta. Uno de cada cuatro de sus habitantes es portador del virus. O Somalia, una tierra arrasada por 20 años de conflicto, sequía y miseria en la que los ancianos se convierten en señores de la guerra y jefes de clanes y subclanes.

Por suerte para Mohamed Sannoh, no sucede lo mismo en Dumakbe, donde sólo tiene que ocuparse del bienestar de su gente.

Fuente: elmundo.es/internacional

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