74.000 casos de malaria sin tratar por culpa de la epidemia de ébola

74.000 casos de malaria sin tratar por culpa de la epidemia de ébola / El Mundo / Más de un año y 11.169 muertos después , el mundo sigue sacando sus conclusiones de la peor epidemia de ébola de la historia. Sabemos que uno de cada cinco contagiados de ébola es un niño, que el virus es todavía más mortal cuanto más joven es el paciente , y que las consecuencias de este brote explosivo han sido terribles para las mujeres .

En este tiempo, hemos visto cómo la investigación sobre un virus del que se sabía poco se aceleraba, para agilizar los métodos de diagnóstico e incluso, por qué no, para dar con una vacuna que marcara un antes y un después en la historia de esta enfermedad.

La preocupación por esta inusual epidemia, centrada esta vez en zonas urbanas muy masificadas, en lugar de en poblaciones rurales, como venía siendo la tónica del virus hasta ahora, fue creciendo hasta alcanzar su punto álgido el pasado agosto , cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el estado de emergencia de salud pública.

Y no era para menos. De hecho, organizaciones como Médicos Sin Fronteras (MSF), venían avisando desde marzo de 2014 que lo que estaba pasando en África Occidental estaba fuera de control.

Hoy, cuando parece que la epidemia está cerca de dar ya sus últimos coletazos, ( Liberia ya ha anunciado el fin del brote en el país y Sierra Leona pretendía hacerlo en «cuestión de semanas» , aunque parece que esta posibilidad se ve hoy más remota, tras haber sabido ayer que se han registrado dos nuevos casos de ébola en la capital del país, después de tres semanas sin contagios) es cuando se están empezando a conocer los efectos reales −si es que más de 11.000 muertos y 27.000 casos no son suficientes− de esta fatal epidemia.

Colapso del sistema sanitario El ébola es una de esas enfermedades de los pobres que siempre se ceban con los más débiles. De esta forma, la epidemia ha colapsado los sistemas sanitarios de tres países que no tenían, ni de lejos, una buena infraestructura médica antes del ébola. Por si esto fuera poco, el personal sanitario no se ha librado de este letal virus, y a fecha de 17 de febrero, según datos de la OMS, había 869 médicos y enfermeros fallecidos por ébola. Si a estas cifras se les suman las medidas de confinamiento , el pánico de la población a ser aislados, y el resto de enfermedades endémicas que azotan estos países, el cóctel es explosivo.

Así las cosas, tratamientos vitales para los ciudadanos de estos tres países, como pueden ser las terapias contra el VIH, se han visto notablemente afectadas. La interrupción de algunos programas de vacunación ha multiplicado el riesgo de enfermedades prevenibles como el sarampión . Si se comparan con las cifras pre−ébola, en las ciudades de Guéckédou y Kissidougou, en Guinea, menos del 25% de los niños con neumonía o diarrea están yendo al hospital para que los traten.

Pero donde quizás más se noten esos efectos secundarios de la epidemia de ébola sea en una vieja conocida de los africanos: la malaria . La revista médica The Lancet evidencia hoy la magnitud del impacto que la epidemia de ébola ha tenido en esta enfermedad que afecta a unos 198 millones de personas . Según explica a este periódico Nines Lima, especialista de enfermedades tropicales de MSF España, fue el verano pasado, cuando la epidemia estaba alcanzando su pico más alto, cuando «vimos que teníamos que mirar no sólo al ébola, sino a otras necesidades médicas, como las enfermedades respiratorias o las diarreas, pero fundamentalmente la salud reproductiva y la malaria».

Una enfermedad endémica Según cálculos de los investigadores, que se han centrado en Guinea Conakry (el país que menos muertos ha sufrido), el brote de ébola habría supuesto que se hayan dejado de tratar, aproximadamente, 74.000 casos de malaria sólo en este país. Prácticamente todos los pilares de la lucha contra la malaria han registrado datos negativos: las consultas ambulatorias han caído un 11%, el número de pacientes que recibe antimaláricos ha descendido un 24%, y el que recibe tratamientos inyectables un 30%. La proporción de médicos que trabaja tratando la malaria ha bajado un 48% respecto a antes de la epidemia de ébola. A pesar de que el 70% utilizaba los test de diagnóstico rápido contra la malaria antes del ébola, después del virus, su uso se ha recudido a un 30%.

Para calcular todos estos y otros tantos datos, los autores seleccionaron 120 instalaciones médicas de ocho provincias, entre las que se incluían las cuatro que habían resultado más afectadas por el virus, y otras cuatro en las que, a fecha de noviembre de 2014, el ébola no había aparecido. Gracias a entrevistas, a informes del ministerio de salud del país y a las actualizaciones de datos de la OMS, calcularon el impacto del ébola en el manejo, contención y tratamiento de la malaria, una enfermedad que es endémica en los tres países más afectados por el ébola.

Los resultados arrojaron que el impacto afectaba, evidentemente, a los distritos afectados por el ébola (particularmente durante la tercera oleada de la epidemia, de agosto de 2014 en adelante), pero que éste también era más que evidente en las zonas del país en las que, en el momento de realizar la investigación, todavía no se había detectado ningún caso del virus.

Por sacar algún dato positivo de esta publicación, cabría destacar que estas reducciones se notaron menos en los niños menores de cinco años , que son precisamente las víctimas favoritas de la malaria. En cualquier caso, esto tiene sentido, ya que estos pequeños son precisamente los principales destinatarios de los programas contra la malaria de agencias internacionales, ONG, y ministerios de salud.

Una sintomatología muy parecida Hay varias razones que explican estas cifras que, por otro lado, no sorprenden a los mayores expertos mundiales en malaria. Pedro Alonso, director del Programa Mundial de Malaria de la OMS, ya adelantaba a este periódico en diciembre de 2014 que la malaria provocaría muchas más muertes en los tres países más afectados por el ébola que el propio virus en sí mismo.

La principal explicación es que los síntomas de la malaria ( fiebre, dolores de cabeza y en los músculos y articulaciones ) son muy similares a los del ébola. Esto ha hecho que se confundan unos casos con otros, colapsando así unos hospitales que ya estaban al límite intentando controlar la epidemia de ébola. Además, dada la dureza del virus y de su tratamiento, muchos pacientes que en realidad estaban enfermos de malaria no iban al médico por miedo a que les confundieran con enfermos de ébola. «Son dos enfermedades que tienen la misma sintomatología, y es muy difícil diferenciar si una primera fiebre es por una u por otra, es algo que se tiene que hacer a nivel de laboratorio», señala Lima.

Distribución masiva de antimaláricos En noviembre de 2014, la OMS estableció una serie de recomendaciones para manejar la malaria en los países afectados por el ébola, entre las que destacaban la distribución de antimaláricos en las zonas con una transmisión más alta del virus. Un mes después, MSF realizó una primera distribución masiva (a la que le sucederían dos más) de tratamientos contra la malaria en Sierra Leona: «repartimos antimaláricos para 1.800.000 personas, fue la mayor distribución de la historia «, cuenta Lima. «Fue un reparto puerta a puerta muy dificultoso, porque las personas no podían tocarse, pero creemos que ha sido una intervención de mucho éxito y me siento muy orgullosa de ella», cuenta esta trabajadora de la organización.

Antes de la epidemia, el sector sanitario público era el lugar donde se trataban la mayoría de niños con fiebre. Ahora, como consecuencia del brote de ébola, este sector está más que dañado, y más aún si tenemos en cuenta que, antes de que el virus inundara el país, su funcionamiento tampoco era bueno. Según puede leerse en The Lancet , «los esfuerzos para reforzar el tratamiento contra la malaria deberían centrarse en reconectar a los trabajadores sanitarios y a los centros médicos con las comunidades». Además, dicen, los sanitarios deberían ser incentivados económicamente para que retomen su trabajo contra la malaria, que muchos han abandonado en favor del ébola.

«Estas intervenciones no pueden esperar a que se produzca el último caso de ébola», sostienen los investigadores, que recuerdan que ya son demasiados los casos de malaria que no se están tratando por culpa del ébola, lo que hará que se produzcan entre un 45 y un 73% de muertes adicionales por malaria.

«Ahora mismo estamos definiendo la estrategia post−emergencia y post−ébola, dibujando los proyectos y todos sus componentes», cuenta Lima. Por el momento, dice, lo que está claro es que se van a quedar «por largo tiempo» en estos países. Sin duda, será necesario, porque las necesidades no dan tregua y las cifras son apabullantes.

Fuente: entornointeligente.com