8 de septiembre, día del cooperante

El 8 de septiembre del año 2000 los jefes de Estado y de Gobierno de 189 países firmaron la Declaración del Milenio. Esta declaración recogía los compromisos de los Estados miembros de Naciones Unidas con la construcción de un mundo más pacífico, más próspero y más justo sobre los valores de libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto a la naturaleza y responsabilidad común. La Declaración del Milenio incluía también los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio, objetivos que constituyen el que ha sido hasta la fecha el mayor compromiso internacional contra la pobreza.

Quince años después, el balance debe ser positivo por los avances alcanzados sino por lo que ha supuesto como elemento movilizador en torno a la lucha contra la pobreza de este marco común. No obstante, millones de personas siguen viviendo en la pobreza y se ven privadas de sus derechos más fundamentales como la alimentación, la salud o la educación. La desigualdad crece en nuestras sociedades, nunca en la historia hubo tantas personas desplazadas y refugiadas y enfrentamos el mayor desafío global como es el cambio climático.

Este mes de septiembre tendrá lugar la cumbre en la que debe aprobarse la Agenda de Desarrollo Post2015 que remplazará a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esta agenda recoge 17 objetivos de desarrollo sostenible a alcanzar para el año 2030 y que, parafraseando al secretario general Bank i-Moon, debe ser el camino a la dignidad sin dejar a nadie atrás.

Una agenda resultado del proceso de mayor participación nunca conocido y que se aleja de un enfoque Norte-Sur para adoptar una naturaleza universal, esto es, una agenda común para todos los países que erradique la pobreza y reduzca la desigualdad. No se trata de una agenda de cooperación para el desarrollo, pensada para atender las necesidades de los países en desarrollo, sino que la agenda post2015 recoge los retos que enfrentamos como humanidad: salud, educación, empleo, igualdad entre hombres y mujeres, seguridad alimentaria, energía, agua, paz y democracia entre otros.

El Gobierno de España designó en 2007 el 8 de septiembre como día del cooperante, una oportunidad para situar el sector en primera plana, homenajear a los cooperantes y recordar la importancia de la cooperación para el desarrollo como política pública.

La cooperación para el desarrollo ha sido una de las grandes damnificadas por la política de recortes de los gobiernos del Partido Popular. En el caso de Madrid, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento de la capital se encuentra en niveles que podríamos calificar de testimoniales, lo justo para cubrir gastos administrativos y poco más al haber suprimido ambas administraciones sus programas de cooperación.

La política pública de cooperación es eso, una política pública que no puede estar sometida a la arbitrariedad del Gobierno de turno ni considerarse algo así como un artículo de lujo que solo podemos permitirnos en épocas de máxima bonanza.

Los presupuestos de 2016 serán los primeros para los gobiernos de Cifuentes y Carmena. Ambas tienen la oportunidad de recuperar la política pública de cooperación y de hacerlo no solo en términos presupuestarios, sino imprimiendo un nuevo enfoque a la cooperación descentralizada, incorporando los nuevos retos que aporta la agenda de desarrollo post2015 y situando la educación para el desarrollo como pilar fundamental de la cooperación local y autonómica.

La crisis de los refugiados sirios está mostrando la cara más solidaria y comprometida de la ciudadanía. Los Gobiernos deben estar a la altura de ese compromiso ciudadano, pero no solo al albur de imágenes desgarradoras o por presiones ciudadanas, sino desde el compromiso político real y sostenido en el tiempo. En definitiva, integrando la solidaridad y la cooperación como una política pública.

Carlota Merchán Mesón es secretaria de Cooperación y Migración del PSOE-M.

Fuente: elpais.com

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