El amor en tiempos del ébola (Sierra Leona en el corazón)

IMG-20150907-WA0000 - copiaCuando llegué al aeropuerto de Freetown, hacía más de un año que no pisaba Sierra Leona. Fue en abril de 2014 y se hablaba de varios casos de ébola en la vecina Guinea Conakry.

Durante los siguientes meses, desde España, seguí muy de cerca los acontecimientos, y la posterior confirmación del desastre que esta enfermedad ha producido y sigue produciendo tanto en Sierra Leona como en los países limítrofes.

La situación en estos momentos es engañosa. Se reportan unos diez casos semanales, pero la vida cotidiana de la población comienza a ser la de antes de la enfermedad. Hay sin embargo signos que te dicen que aun no todo esta bien. En las carreteras hay controles sanitarios y policiales cada 20 kilómetros, en los que se toma la temperatura a todo el que pasa. Se pueden ver casas aisladas (en cuarentena) con redes naranjas para aislar casos sospechosos. En el hospital donde he trabajado se desinfectan a pacientes y sanitarios antes de entrar y se trabaja con muchas precauciones, la gente te saluda sin darte la mano, pero poco mas te indica que el ébola sigue en el país.

Esta «pseudonormalidad» es muy comprensible, ya que la población mayoritariamente vive del pequeño comercio y de la agricultura, y deben de moverse, trabajar, comprar y vender para poder llevarse algo a la boca cada día.

Las estadísticas oficiales dicen que han muerto en Sierra Leona desde el comienzo de la enfermedad casi cinco mil personas por Ébola, pero eso son datos del gobierno, en las zonas rurales más apartadas no hay un reporte fiable ,y puede que el dato verdadero de fallecidos supere los diez mil. Por otra parte, con el desconcierto de los primeros meses, hubo muchas muertes de sanitarios y se cerraron los hospitales, la población no tenía ni dónde comprar una aspirina, y por supuesto donde tratarse, con lo que casi con toda seguridad haya habido más muertes por enfermedades sin poder tratar, (infecciones, malarias, diarreas, malnutrición) que por el ébola en sí.

El encabezamiento de esta carta tiene su explicación (basada en la novela de García Márquez), se debe a que en medio de esta pandemia, con todo este desastre, hay lugar para el amor. Aquí, mucha gente está luchando para/con los demás, para/con los más necesitados. Cada voluntario local, cada trabajador de ONG, cada sanitario de este país, luchan para intentar atajar la epidemia, pero hay más. Desde la Iglesia, desde su base, desde su doctrina más social, sus miembros han buscado dinero debajo de las piedras, para comprar arroz, aceite, fruta, y podérselo llevar a esas familias que permanecen aisladas en sus casas en cuarentena. No me gusta poner nombres, a ellos todavía les gustaría menos. pero ellos, la mayoría no leerá esto, saben a quién me refiero. Aunque quisiera hacer una excepción, hacia una persona que no solo dio su amor a los más necesitados, sino también su vida, no puedo dejar de nombrar a Manuel García Viejo, ejemplo de vida para mí y a quien siempre recordaré.

Pero donde más amor se percibe es principalmente entre los sierraleoneses. Los niños que perdieron a sus padres, huérfanos que además han perdido a gran parte de su familia, son acogidos por organizaciones, pero solo temporalmente, la familia que les pueda quedar, abuelos, tíos o incluso vecinos, los adoptan como suyos y comienzan una nueva vida. Así es la cultura sierraleonesa, por eso no hay orfanatos aquí, no tienen ningún sentido porque aquí no hay huérfanos. Me cuesta mucho creer que en nuestra tan «civilizada» Europa las cosas pudieran llegar a ser así.

Creo que en unos meses la situación aquí se normalizará, el problema es que esa normalización consistirá en que, efectivamente, no habrá ébola, pero seguirá la malnutrición, la falta de recursos y la muerte de tres niños de cada diez antes de cumplir los cinco años.

Y también se normalizará con la vuelta de las empresas occidentales (mineras, de pesca, forestales)… Para seguir esquilmando las riquezas de este gran país.

Y el amor seguirá después de los tiempos del ébola.

FEDERICO GERONA DEL CAMPO MEDICO-ODONTÓLOGO. VOLUNTARIO DE ODONTOLOGIA SOLIDARIA

Fuente: hoy.es

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