El país más peligroso del mundo para quedarse embarazada

Escribo estas líneas desde un hospital de Freetown que comenzamos a apoyar hace algunas semanas. Son las 8 de la mañana, acabamos de terminar la reunión matinal, y el calor y la humedad ya empiezan a notarse con fuerza.

(06.03.16) Hace unos años, Sierra Leona ya era el país más peligroso del mundo para una mujer embarazada, pero en los últimos tiempos, sobre todo debido al ébola, la situación ha empeorado todavía más.

Nuestro equipo local está buscando formas de mejorar los servicios de maternidad, pero también estamos saliendo más allá de las puertas del hospital para tratar de comprender mejor las dificultades específicas a las que se enfrentan las mujeres embarazadas en Sierra Leona.

En 2011, de todas las mujeres que fallecían con edades comprendidas entre los 15 y los 49 años, el 36% lo hacían por causas relacionadas con el embarazo o el parto. Esta cifra es, con absoluta seguridad, mucho más alta hoy en día. Desde la aparición del ébola, el Banco Mundial ha estimado que la mortalidad materna aumentará en más de un 74% respecto a los niveles pre-epidémicos. Para decirlo de manera simple: hay una emergencia silenciosa de salud pública que está cebándose despiadadamente con las mujeres de todas estas colinas que me rodean. Y nadie parece darse cuenta de ello.

Esta es la tercera vez que vengo a trabajar a Sierra Leona. Aún tengo frescos los recuerdos de los primeros turnos que hice un hospital aquí; muchas mujeres que iban a dar a luz llegaban cuando ya era demasiado tarde y con numerosas complicaciones. Desgraciadamente, el destino de sus bebes solía estar marcado antes de que alcanzaran las puertas del hospital. En algunos casos, también lo estaban sus propias vidas.

En la reunión de esta mañana, el doctor del turno de noche nos ha estado explicando los múltiples casos difíciles que le ha tocado atender esta madrugada:

Una joven de 18 años que se encontraba en su segundo embarazó, llegó al hospital tras varios días de parto obstruido. La cabeza del bebe se veía desde fuera, pero el bebé no salía. Las contracciones estaban totalmente paradas y la vejiga ampliamente distendida. Ella mostraba signos de infección severa, cosa que no es para nada sorprendente aquí. Su bebe no nacido también. Y sus latidos eran alarmantemente rápidos.

El doctor decidió llevarla al quirófano, donde tuvo que llevar a cabo una difícil y traumática cesárea. A pesar de que hizo todo lo que estaba en sus manos por salvarle, pocos minutos después del parto, el bebé falleció. La joven salvó la vida, pero había perdido muchos litros de sangre y estaba muy débil. Un parto tan largo y con tantas complicaciones, con el añadido de una cesárea al final del mismo, conlleva muchos riesgos. En el caso de esta chica, el útero se había desgarrado hasta el cérvix y a través de las arterias principales. Afortunadamente, ahora mismo parece que está estabilizada y a salvo; aunque ya veremos cómo evoluciona.

Mientras escuchábamos el relato de mi compañero durante la reunión, todos le mirábamos con tristeza; algunos negaban con la cabeza y a muchos se nos ha escapado alguna lagrimita. ¿Por qué vino tan tarde? En fin, yo ahora mismo tampoco me siento con ganas de seguir escribiendo, así que voy a dejarlo aquí y retomaré este texto dentro de unos días, cuando logre encontrar las fuerzas y pueda desgranar los argumentos para intentar contestar a esa pregunta: ¿por qué siempre vienen tan tarde?

Dar a luz en Sierra Leona puede llegar a convertirse en un macabro juego de obstáculos.

Han pasado unos días desde que dejé este escrito a medias. Me había comprometido a retomarlo al cabo de un tiempo y aquí me encuentro, tratando de cumplir mi promesa. Entre tanto, he llevado a cabo un viaje fuera de la ciudad para conocer los lugares desde dónde vienen nuestros pacientes y comprobar así qué tipos de cuidados médicos están disponibles en sus comunidades. Buscaba respuestas a la pregunta que me hacía cuando terminó aquella reunión y esto fue lo que encontré:

Como muchas otras mujeres, aquella chica intentó dar a luz en su casa en lugar de ir a un hospital. Oficialmente este tipo de nacimientos son ilegales en Sierra Leona, pero todavía representan un 50% del total.

La chica vivía en una pequeña comunidad rural. Su madre le había dado “hierbas naturales” para inducir el parto y las contracciones empezaron. Sin embargo, cuando las cosas empezaron a complicarse y vieron que el parto no estaba siendo sencillo, decidieron ir a buscar ayuda al puesto de salud más cercano, que estaba a varios kilómetros de su casa. Tuvieron que ir a pie con la joven ya de parto.

Fue examinada en el puesto de salud, donde le dijeron que estaba en las primeras fases del parto. Durante todo el día y parte de la noche, dicho parto fue progresando lentamente.

Cuando ya estaba a punto de dar a luz, las contracciones pararon. La trabajadora sanitaria le hizo un reconocimiento y vio que tenía la vejiga distendida, lo cual puede llegar a dificultar el paso del bebé a través del canal de parto.

Aquella mujer quiso ayudar a la joven a vaciar su vejiga y sabía cómo hacerlo, pero el material médico básico con el que contaban se había agotado y nadie había repuesto el stock. Inmediatamente supo que no podría hacer nada más por ella, así que empezó a valorar las posibilidades: si llamaba a una ambulancia, esta tendría que venir desde demasiado lejos y por caminos embarrados; tardaría demasiado. Así que tomó la decisión de subir a la chica a la parte de atrás de una motocicleta y le pidió al conductor que la llevara a otro centro de salud más grande.

La chica llegó justo antes del amanecer al otro centro. La cabeza del bebe estaba ya muy abajo y se podía ver desde fuera. La matrona del centro había recibido formación sobre cómo usar una ventosa obstétrica, que puede ser de gran ayuda en las últimas etapas del parto, y el centro disponía de una. Sin embargo, nunca la había usado en un paciente real y no había nadie que allí para supervisarla.

Cuando le hizo el reconocimiento, se encontró con que la vejiga de la chica estaba completamente llena. La clínica tenía una sonda de orina, un instrumento que sólo puede ser usado una vez y que luego se deshecha, pero como era la única disponible en el centro, ya había pasado por varios partos antes de aquel. Incapaz de hacer que la suave sonda de goma entrase en la vejiga, la matrona llamó una ambulancia y empezaron a dar antibióticos a la chica. Esperaron y esperaron.

Unas 11 horas después, la ambulancia por fin llegó. Por aquel entonces, la salud de la chica ya se había deteriorado muchísimo. La cabeza del bebé seguía asomando al mundo y la vejiga continuaba llena.

Una vez en la ambulancia, la paciente tardó otras 3 ó 4 horas por un camino lleno de baches y barro hasta que llegó a nuestro centro. El resto de la historia ya la conocéis.

La chica a día de hoy sigue viva, ¿pero qué pasará con ella? ¿Podrá salir adelante? Pues seguramente sí, pero es bastante posible que sufra una fístula obstétrica y que acabe siendo repudiada por su familia, ya que no logrará contener sus necesidades y se lo hará todo encima siempre. Tenemos otra adolescente en el hospital a la que le ha ocurrido lo mismo y su familia ya ha dejado claro que no pretenden ocuparse de ella.

En Sierra Leona, una de cada 15 mujeres que sufre complicaciones a largo plazo, como puede ser el caso de una fistula, acaba falleciendo a causa de dichas complicaciones.

A la joven también le quedará una cicatriz en su útero que podría causarle nuevas complicaciones en sus futuros embarazos, tales como una ruptura uterina.

El caso de esta chica sirve como espejo de una triste realidad: quedarse embarazada en Sierra Leona a día de hoy, especialmente si eres una adolescente, se convierte en una tarea de funambulista.

Es muy duro darse cuenta de que al final todo es una cuestión de medios y de conocimiento, ya que si esta chica hubiera nacido en un lugar en el que se reunieran las siguientes condiciones, el final de esta historia que os estoy contando sería completamente diferente:

-Acceso a partos seguros en el pueblo.

– Mejor equipamiento y preparación de las distintas unidades de salud.

– Medios para llegar a un hospital con las condiciones necesarias en el momento oportuno.

– Conocimiento y las habilidades para evitar altos e innecesarios riesgos en las cesáreas y prevenir la formación de fistulas obstétricas.

Tragedias como esta ocurren diariamente en Sierra Leona y, a pesar de la gran motivación de trabajadores sanitarios, las barreras todavía están ahí, haciendo del embarazo una condición potencialmente peligrosa. Y todo se debe a que viven en esta zona del globo. Nosotros, los trabajadores de Médicos Sin Fronteras, seguiremos respondiendo como lo hacemos en cualquier emergencia médico humanitaria, pero no debemos nunca olvidar que para atajar los problemas no podemos quedarnos en lo que abarca nuestra mirada. Sí, debemos fijarnos en lo que ocurre en el hospital, pero también tenemos que tratar de comprender todo el desastre que se esconde detrás.

No podemos ni queremos reemplazar el servicio de salud de los países donde trabajamos, pero sí tenemos que tratar de ayudar a los trabajadores sanitarios de Sierra Leona y de muchos otros lugares en los que trabajamos a que puedan proveer a las mujeres del cuidado que necesitan y merecen.

Fuente:

Benjamin Black es ginecólogo de Médicos Sin Fronteras en Sierra Leona. Traducción y adaptación al español: Fernando G. Calero.