Guerra, en femenino singular

Sin título11El éxodo masivo que avergüenza a Europa ha puesto de relieve los riesgos en el origen, tránsito y destino que sufren especialmente mujeres y niñas refugiadas y migrantes. Son blanco fácil de la explotación sexual y/o laboral. Esto, sumado a los peligros de padecer violencia de género, convierten su larga travesía por la ruta de los Balcanes occidentales en un camino sin retorno físico o emocional.

La crisis de los refugiados tiene rostros, nombres y apellidos. Rostros como los de Mahmoud y Reem Al-Hayek, procedentes de Alepo, que con las facciones deshechas tras la muerte de su hija Rand al cruzar una vía férrea en el noreste de Grecia, intentan rehacer sus vidas después de sobrevivir a más de cuatro años de guerra civil en Siria y llegar a una Europa poco acogedora.

Pero esta crisis humanitaria sin precedentes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial también nos muestra la mirada amable de Huda Al-Shabsogh, trabajadora de ACNUR en la isla griega de Lesbos, a la que cariñosamente llaman Tita, que día tras día acompaña a los menores en el centro de recepción y registro de Moria.

Y quién no recuerda la historia de superación de Yusra Mardini y su hermana Sarah, las nadadoras sirias que salvaron de morir ahogados a los tripulantes del bote neumático en el que viajaban desde Turquía hasta Lesbos, y que hoy entrenan en el Estadio Olímpico de Berlín ilusionadas por formar parte del equipo que representará a los millones de refugiados en los próximos Juegos Olímpicos. Rostros, miradas e historias recogidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados que van más allá de los datos.

La violencia sexual como método de guerra

En muchas de estas historias las mujeres son las protagonistas. De hecho, mujeres y niñas representan más del 50% de estos refugiados según datos recientes de UNICEF, y aunque en un drama humanitario de este calibre no sería justo hacer distinciones respecto al género de quién lo sufre, es inevitable reconocer que las desigualdades de género se acentúan en tiempos de guerra. La historia así nos lo ha demostrado.

Con el conflicto de Bosnia y Herzegovina el mundo descubrió espeluznado cómo la violencia sexual contra las mujeres era utilizada como método de guerra. No era la primera ni la única vez que ocurría, pero sí fue este conflicto bélico el que abrió los ojos a muchos.

Este tipo de violencia contra las mujeres, además de en la antigua Yugoslavia, también ha sido una práctica extendida en los conflictos de Vietnam, Mozambique, en la Segunda Guerra Mundial, Afganistán, Chechenia, Sierra Leona o Somalia, por citar tan solo algunos de ellos.

Los tratados de derecho internacional humanitario reconocen la violencia sexual como crimen de guerra y establecen disposiciones especiales para proteger a las mujeres, pero no siempre consiguen su objetivo. Sobre el terreno, UNICEF ha constatado el drama por el que atraviesan muchas de ellas. Lorena Cobas, responsable de Emergencias de UNICEF Comité Español, asegura que en estos momentos la situación es desesperada. “Muchas mujeres y niñas en el camino, en su búsqueda de refugio, se están viendo obligadas a ofrecer servicios sexuales a mafias a cambio de dinero para poder continuar con su viaje”, afirma.

Los matrimonios forzados son otra triste realidad. “Se han aumentado las tasas de matrimonios de niñas como estrategia de supervivencia de las familias que, habiendo agotado todos sus recursos económicos, utilizan esta última alternativa para sobrevivir. La dote que les entregan les sirve para alimentar al resto de sus hijos”, nos explica Cobas.

En esta dirección, un examen de género elaborado por ONU Mujeres durante los meses de octubre y noviembre de 2015, alertaba también sobre los riesgos de explotación sexual o laboral y los peligros de padecer violencia de género, siendo mujeres y niñas un blanco fácil para las redes de trata de personas, especialmente si viajan en solitario.

Durante estos dos meses de trabajo fueron entrevistados hombres y mujeres refugiados y migrantes, así como personal y dirigentes de ONGs, organizaciones voluntarias internacionales y locales, funcionarias y funcionarios de gobierno, además de personal y dirigentes de organismos de las Naciones Unidas. Las conclusiones fueron claras: “Las mujeres y niñas refugiadas que se desplazan por la ruta de los Balcanes occidentales tienen necesidades, prioridades y derechos específicos referidos a la protección de su dignidad que no están siendo atendidos de forma completa, a pesar del gran esfuerzo que se ha realizado”, sentenciaba Ingibjorg Gisladottir, directora regional de ONU Mujeres para Europa y Asia Central en declaraciones recogidas por ONU Mujeres.

Las deportaciones agravan la situación

Desde UNICEF Comité Español tienen claro que el cierre de las fronteras únicamente provocará que se agrave la situación, obligando a los migrantes a buscar rutas alternativas e improvisadas hacia Europa que serán más peligrosas que las actuales.

Además de las mujeres, los menores son especialmente vulnerables. Actualmente 19.000 niños y niñas están literalmente atrapados en Grecia y malviven en los campos de detención esperando a ser deportados a Turquía. Tanto Save The Children como UNICEF denuncian las condiciones que padecen estos niños que duermen al raso y necesitan, en muchos casos, atención sanitaria inmediata.

UNICEF acoge positivamente el compromiso de los líderes de la Unión Europea para determinar de manera individual el estado legal de los refugiados y migrantes en lugar de las expulsiones colectivas, prácticas de rechazo u otras medidas que puedan ser dañinas para estas personas.

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