“Lo que Europa está haciendo no tiene nombre”

La enfermera villaodonense Eva Compés que se desplazó a Lesbos el pasado mes de febrero para ayudar a los refugiados cuenta su experiencia a Brunetedigital.es como antesala del acto en el que participará el próximo 19 de abril a las 19.00h en el Salón Cívico de Villaviciosa de Odón.

Eva trabaja como enfermera en el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha y es socia y voluntaria de Médicos del Mundo. Este no es el primer viaje que realiza con esta ONG, viajó dos veces el año pasado a la República de Sierra Leona durante el brote de ébola y en esta ocasión su destino fue Lesbos. Aterrizó junto a una médica de Canarias, una traductora de iraní que vive en Galicia y un traductor de árabe bilbaíno. Durante su estancia de un mes ayudando a los refugiados trabajó en el entonces Centro de Registro de Moria.

Pregunta.- ¿Por qué decidió ir a Lesbos?

Respuesta.- Como voluntaria de Médicos del Mundo (MdM), recibí una oferta para acudir a Lesbos en apoyo del equipo de MdM Grecia. Desde aquí estábamos asistiendo a este drama humanitario y no pude por menos que realizar las gestiones de permiso en mi puesto de trabajo para acudir a echar una mano. En un primer momento, estaba previsto que saliera en noviembre, pero finalmente se retrasó hasta febrero.

P.- ¿Podría describir la situación que se encontró?

R.- Es muy difícil ponerle palabras a lo que allí vimos y sentimos. Por parte de las personas que llegaban, vimos desesperación, miedo, agotamiento, incertidumbre, alivio por estar en Europa, mucho agradecimiento. Vimos mucho trabajo de gente anónima llegada de todas partes, para ayudar, sin descanso, poniendo dinero de sus bolsillos y tiempo de sus vidas. Y sentimos la impotencia y la rabia, la incredulidad de que esto estuviera pasando en nuestra casa, en Europa. Ha sido difícil volver dejando a la gente allí, asimilar tanto.

P.- ¿Qué es lo que más le sorprendió?

R.- Que las autoridades europeas y de organismos oficiales se paseasen por allí, que tuviesen, alguno de ellos, la desfachatez de tomarse un vinito en la inauguración de una zona nueva del campo, y que después todo siguiese igual. Que no hubiera decisiones de calado por parte de aquellos que tenían y tienen la capacidad de hacerlo. Y después que las decisiones que se han tomado fueran en el sentido que fueron: deportar, devolver a estas personas a la guerra. Que no se les partiese el alma y que pudieran dormir tranquilos después. Me sigue sorprendiendo.

P.- ¿Cómo se vive desde allí el papel de la UE con los refugiados?

R.- Por mi parte, con muchísima vergüenza y rabia. Todas las personas con las que hablamos, nos decían lo felices que estaban de haber llegado a Europa, un continente en paz donde se respetan los Derecho Humanos. Tener que explicarles que las fronteras estaban cerradas, que no podían continuar su éxodo, que todo es mentira… Y después ha sido mucho peor. Lo que Europa está haciendo no tiene nombre. Las decisiones que está tomando son inhumanas e injustas.

P.- ¿Le marcó especialmente alguna historia de las que se encontró en el Centro de Registro de Moria?

R.- Sí. Nos contaron muchas historias terribles, hubo personas con las que estuvimos más tiempo y nos contaron sus vidas. La verdad es que lo que nos contaron me hizo perder la fe en el ser humano. No puedo entender tanta maldad, tanto dolor causado por otro ser humano.

P.- ¿Con qué sensaciones ha vuelto de su experiencia en Lesbos?

R.- La verdad es que vine muy dolida, con sensación de impotencia, de haber hecho poco, de abandono a todas aquellas personas que seguían llegando. Poco a poco hemos ido asimilando todas estas emociones y hemos volcado esa energía en dar testimonio y denunciar esta situación. La gente de la calle somos Europa y no podemos permitir que cometan estas injusticias en nuestro nombre. Tenemos que dejarlo claro. Y tenemos que seguir ayudando a quienes nos necesitan.

P.- ¿Cuál cree que podría ser la solución a esta situación?

R.- El origen de éste y otros conflictos es tan profundo, que no alcanzo a comprenderlos. Hay intereses, hay política, dinero, industrias, desidia, maldad, avaricia, deseo de poder… No tengo la solución, pero creo firmemente que con más empatía el mundo sería diferente. Y la empatía se aprende.

P.- Desde su experiencia como voluntaria ¿qué deberían hacer aquellas personas que estén interesadas en ayudar?

R.- Desde aquí podemos hacer muchas cosas. Desde denunciar y firmar manifiestos, a organizar recogidas de productos necesarios, conseguir fondos mediante pequeñas iniciativas para dar apoyo a ONGS y voluntarios en el terreno, acudir a concentraciones y actos de denuncia, etc.

Eva Compés (voluntaria de Médicos del Mundo)

Fuente: brunetedigital.es

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