Las lecciones aprendidas por Médicos Sin Fronteras

Cuando hace dos años se produjo un nuevo brote de ébola, en esta ocasión de la especie Zaire, que empezó en Guinea y se extendió a Sierra Leona y Liberia, apenas existían conocimientos científicos en los que apoyar las decisiones, ni cura establecida para este virus mortal.

Un brote que ha matado a más de 11.300 personas y ha infectado a más de 28.600 y que se fue extendiendo ante la impasibilidad de la comunidad internacional que no reaccionó hasta que el virus saltó las fronteras y llegó al mundo occidental con casos de contagio fuera de África en enfermeros de España y Estados Unidos.

Desde el inicio de la crisis y con la experiencia de epidemias de ébola anteriores, MSF se desplegó en los tres países afectados para luchar sobre el terreno contra el ébola con las armas que tenía: aislamiento de los casos y atención médica en centros de atención especial, rastreo de los contactos de los infectados, sensibilización de la comunidad, enterramientos seguros y fumigación de las viviendas.

Esta ONG ha tratado a más de 5.200 casos confirmados de este virus, de los que 2.500 lograron sobrevivir. Toda una experiencia que ahora plasman en el informe “Dos años de apoyo de MSF a la investigación sobre ébola”.

Como principal conclusión, MSF considera que éste y otros brotes de ébola han demostrado “la urgente necesidad de pruebas de diagnóstico rápido y precisas, tratamientos eficaces y una vacuna”, además de considerar que se trata del “momento apropiado para acordar protocolos de ensayos clínicos éticos ante una próxima emergencia médica y humanitaria”.

Solicita, además, que ante nuevas amenazas de brotes de enfermedades infecciosas se creen mecanismos para que la comunidad internacional sea capaz de dar una respuesta rápida y eficaz y critica las ”deficiencias de los gobiernos y agencias” mostradas durante esta última crisis de ébola.

Lo aprendido con los pacientes

El contacto directo con los enfermos en sus centros les ha permitido observar que la tasa de mortalidad general para esta cepa del virus (Zaire) fue inferior al 60% durante el brote. En anteriores brotes de esta cepa hasta el 90% de los pacientes fallecieron. Y consideran que este aspecto deber ser investigado.

Además, la cantidad de virus del Ébola en la sangre de un paciente cuando era ingresado era el mayor indicador de mortalidad, en especial en ancianos y bebés.

MSF constató que sangre, saliva, orina, líquido amniótico o la leche materna contienen diferentes cargas virales durante el curso de la enfermedad y consideran necesario “entender mejor” cómo de infeccioso es el virus en cada fluido corporal que “permitirá una mayor comprensión de cómo se transmite el virus de persona a persona y por cuánto tiempo resultan estos fluidos infecciosos”.

En estos dos años, tan sólo hubo un caso confirmado de contagio de ébola a partir del contacto sexual.

Respecto a las embarazadas convalecientes de ébola, MSF pudo comprobar que pueden todavía albergar el virus en el bebé y en el líquido amniótico y que deben ser nuevamente ingresadas en el centro de tratamiento durante el parto para su propia seguridad y evitar riesgo de infección para otros.

Los supervivientes de ébola es otra de las experiencias vividas por MSF: algunos sufren graves problemas físicos y mentales como depresión o molestias en los ojos tras el alta por lo que requieren atención y seguimiento y un seguimiento a largo plazo para entender complicaciones médicas y cómo pueden recibir el mejor tratamiento en su propio entorno.

Lo aprendido con los ensayos clínicos

  • El ensayo de la vacuna VSV-ZEBOV en Guinea mostró que los contactos de los casos confirmados de ébola que recibieron la vacuna eran significativamente menos propensos a desarrollar la enfermedad que aquellos contactos que no la recibieron.
  • El ensayo del fármaco favipiravir mostró algún beneficio para los pacientes que se llegaron a los centros de tratamiento con niveles bajos del virus en sangre.
  • El plasma de convalecientes de ébola no aumentó de forma importante las posibilidades de supervivencia de los pacientes que lo recibieron. Este ensayo no tuvo en cuenta la cantidad de anticuerpos neutralizantes de ébola en el plasma. Para profundizar en este análisis, es necesario comprobar si los pacientes que recibieron plasma con altos niveles de anticuerpo mejoraron más que aquellos que recibieron plasma con bajos niveles de anticuerpo.
  • Proponen ante nuevas crisis ser capaces de emplear fármacos apropiados en fase de ensayo tan pronto como sea posible. Para ello, debe llegarse a un acuerdo sobre ensayos clínicos internacionales para situaciones de emergencia humanitaria.

MSF pide también que haya más investigación para desarrollar las pruebas más rápidas y eficaces de detección del ébola, también debe establecerse una prueba de PCR estandarizada usada por todos laboratorios para permitir que los resultados de la carga viral procedentes de diferentes puntos de análisis pueden ser comparados.

Lo aprendido con los trabajadores sanitarios

Los profesionales sanitarios en los centros de tratamiento de ébola, dice el informe,  “han afrontado numerosos retos tanto físicos como psicológicos durante la atención a los pacientes” por lo que “es necesaria una mayor comprensión sobre el riesgo de contagio” para este personal.

Además de proponer el desarrollo de políticas integrales de salud laboral para el personal nacional e internacional, consideran necesario investigar qué nivel mínimo de equipo de protección personal se requiere para prevenir la infección por ébola.

Fuente: Ana Soteras (EFE Verde)

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