Refugiados, objetivo Europa

B2769247-E3F5-7456-526155DC06707980Viaja mucho pero lo cierto es que no hace turismo, Pablo Arias ha visitado en los últimos años Pakistán, Mozambique, Sierra Leona, Haití, Chile, Nepal y, recientemente, Grecia para prestar su ayuda a aquellos que necesitan atención. La ocupación laboral de este azudense de 37 años es ser electromecánico industrial, pero su vocación es invertir sus vacaciones para integrarse en el grupo de Cooperación Internacional de Cruz Roja Española y viajar al lugares donde se viven situaciones de emergencia internacional.

Hace cinco meses, Pablo estuvo en Lesbos, Grecia, durante 45 días para prestar atención en primera línea a los refugiados que llegaban a puerto procedentes desde Turquía. Su formación dentro de Cruz Roja es en la especialidad de Salud. Concretamente, su labor está relacionada con el montaje de puestos de salud móviles como técnico de transporte sanitario y de mantenimientos industriales.

«En Grecia, necesitaban un lugar cerca del puerto en el que poder realizar el trabajo. Llegan mil personas al día y hay que ver cuáles necesitan atención en el hospital», puntualiza el cooperante.
Pablo reconoce que la situación que están atravesando los refugiados sirios sobrecoge. «Mucha gente es joven, suelen encontrarse por el camino. Te cuentan sus vivencias, su día a día en Siria. Han sufrido mucho y entiendes porqué escapan de allí».

La mayoría de los refugiados, según el testimonio de Pablo, llegan desorientados, sin saber cuánto tiempo han pasado en el mar. En muchos casos con claros síntomas de deshidratación, agotamiento, cansancio, malnutrición y, en ocasiones, con heridas de guerra producto de impactos de metralla que presentan infecciones por no haber sido tratadas.

No realizan grandes intervenciones médicas. Allí, a pie de puerto, se ocupan de tender esa primera mano a alguien que huye de su lugar de origen y que tiene su propio drama personal o familiar.
«No reconocen que es Europa. No lo identifican porque llegan a una isla», recuerda Pablo al ser preguntado por el recibimiento.

El compromiso de Pablo es con el proyecto, con la ayuda. Lo deja muy claro porque no quiere entrar a valorar la actitud de los países europeos sobre el acogimiento de refugiados sirios. Pero sí matiza que la situación que hoy protagonizan ellos puede repetirse en cualquier latitud del mundo.
«Todo el mundo puede hacer más. Deberíamos dejar de mirarnos el ombligo porque hay muchos españoles que han tenido que emigrar no hace tanto tiempo. En Siria viven una guerra y la gente se marcha porque no puede aguantar más. Los chavales venían con su ‘smartphone’. Podíamos ser cualquiera de nosotros», dice Pablo Arias.

EXPERIENCIA. Grecia ha sido la novena misión para Pablo Arias. Una trayectoria como cooperante de Cruz Roja que comenzó en el año 2005 con su intervención tras el terremoto de Pakistán. Después de este bautizo de 45 días en circunstancias difíciles porque tuvieron que llegar a la zona cercana al Himalaya, siguieron otras misiones por las inundaciones de Mozambique en dos ocasiones, por los terremotos de Haití y Nepal, otra catástrofe en Chile, así como dos viajes a Sierra Leona por la crisis humanitaria del ébola.
Pablo está satisfecho con la experiencia que atesora en el programa de cooperación internacional pero reconoce que es un terreno duro: «Esto cansa y marca. No es ir de vacaciones. Trato de quitarle hierro diciendo que me voy de vacaciones a las islas griegas pero el drama de los refugiados impacta. Hay personas que se vuelven al aeropuerto porque estas cosas grandes desbordan».
No sabe cuándo volverá a viajar pero sí que Grecia no será su última misión. «Siempre me he desenvuelto bien a nivel de emergencias. No trabajas ocho horas pero tampoco estamos mucho más de un mes por el impacto psicológico y físico que nos provoca».

Fuente: latribunadeciudadreal.es

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