El perdón no es suficiente para sanar las heridas de la guerra

Durante once años, desde 1991 hasta 2002, cientos de familias africanas de Sierra Leona tuvieron que padecer las consecuencias de una guerra civil que dejó a su paso más de 60.000 víctimas de agresiones sexuales, asesinatos, amenazas, mutilaciones y una inestabilidad política y económica que convirtieron a este país en uno de los más pobres del mundo.

Sin embargo, cuando todo parecía haber terminado, la comunidad tenía una última batalla por librar: el perdón y la reconciliación. Para ello, se crearon las llamadas “comisiones de la verdad” que tienen como objetivo investigar las causas y consecuencias de determinado episodio violento, proteger los derechos humanos y, a la vez, ofrecer recomendaciones para que no vuelvan a presentarse los mismos hechos.

Aunque estas charlas facilitan la reintegración de los excombatientes a la vida civil y generan lazos de solidaridad, un nuevo estudio, publicado hoy en Science, revela que la salud mental de los ciudadanos empeora cuando son las instituciones y organizaciones no gubernamentales (ONG) quienes intentan sanar las heridas que dejó la guerra. Por primera vez, investigadores analizaron las consecuencias de las políticas de reconciliación en la salud mental de las víctimas en Sierra Leona.

“Nuestra investigación indica que hablar de atrocidades de guerra puede resultar traumático para las personas afectadas porque rememora los hechos y abre viejas heridas internas. Estos programas no van acompañados de apoyo psicológico para ayudar a las personas a lidiar con estos recuerdos”, declaró a Sinc Oeindrila Dube, profesora de la Universidad de Nueva York (Estados Unidos) y una de las autoras del estudio.

El programa analizado fue Fambul Tok –que traduce ‘conversación entre familias’ en una lengua local- el cual puso a más de 2.000 personas, entre víctimas y victimarios, a hablar frente a frente sobre sus sentimientos, así como para descubrir crímenes de guerra cometidos durante aquella época.

Esas medidas, según los investigadores, empeoraron los casos de depresión y ansiedad. El número de casos de estrés postraumático, por ejemplo, fue un 36% mayor en las localidades que participaron del proceso de reconciliación en comparación con las que no lo hicieron. En estas últimas, los traumas graves alcanzaron sólo al 8% de la población.

“Las personas que pasaron por este proceso tuvieron que revivir recuerdos dolorosos. En un caso, un niño tuvo que escuchar cómo su mejor amigo había matado a su padre y eligió perdonar a los culpables”, cuenta Dube.

Ella y su equipo analizaron las actitudes, los efectos psicológicos y la fortaleza de los lazos sociales de 2.383 personas después de tres años de haber participado en la ‘comisión de la verdad’ durante las charlas que se hicieron entre 2011 y 2012.

A raíz de este estudio, Annie Duflo, directora de Innovación de Acción contra la Pobreza, cree que es necesario replantear las ‘comisiones de la verdad’ porque “los beneficios sociales no pueden conseguirse a costa de la salud mental de los ciudadanos”.

Fuente: elespectador.com

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