La historia de cuatro refugiados que tuvieron que salir forzosamente de su país

Cuatro refugiados han dado testimonio de las circunstancias que los llevaron a salir forzosamente de sus países y del proceso de solicitud de protección en otro, donde han pasado por dificultades que abarcan desde la denegación de su petición hasta la lucha por empezar una nueva vida.

Ana María y Natalia (nombres falsos para proteger su identidad) son madre e hija centroamericanas que huyeron de la violencia, la persecución y las amenazas de las maras y a quienes se les ha denegado el asilo en España porque su caso no está contemplado en la Convención de Ginebra de 1951.

“Me vi obligada a abandonar el país porque tenía miedo. Había recibido amenazas directas contra mi persona, mis hijos y mi familia. No denuncié el caso ni en el municipio ni en el mismo pueblo por temor a perder la vida, ha relatado Ana María, política en su país, que fue amenazada por el alcalde y las maras al apoyar la candidatura de una mujer al Consejo Municipal en su localidad.

Su hija, Natalia, que ahora tiene 14 años, también se vio forzada a salir de su país, después de sufrir el acoso y las amenazas de un grupo de pandilleros en su centro escolar.

Juan María (nombre falso) es un profesor guineano residente en España que lleva siete años esperando la resolución de su solicitud de asilo.

“Al ser un político contrario al régimen dictatorial, me calificaron como un enemigo de la patria. Yo no pude resistir la presión, las torturas, las amenazas y el encarcelamiento de mis amigos. Decidí venir a España por sus vínculos históricos con Guinea”, ha explicado.

Mohannad Doughem es un ingeniero y músico sirio-palestino, que entró a España por Melilla y fue a Suecia para reagruparse con su familia, pero lo devolvieron a España por el Convenio de Dublín.

Actualmente, Mohannad tiene su solicitud de asilo en trámite y vive en Sevilla y asegura que, gracias al sistema de acogida español, tiene un lugar para dormir, dinero para sufragar sus gastos básicos y un espacio para aprender castellano.

Amina Al Zein es refugiada siria en Líbano, donde dirige la Escuela Telyany del Servicio Jesuita a Refugiados.

“Los países próximos a Siria, como Líbano, Jordania y Turquía están soportando un enorme flujo de refugiados. Están colapsados. La gente no está tranquila. No hay posibilidades de trabajo. Los niños dejan de estudiar y se dedican a la venta para ayudar a sus padres a sobrevivir. La única salida que queda es salir a Europa para buscar un futuro mejor”, ha señalado Amina.

La responsable de la campaña “Hospitalidad”, Cristina Manzanedo, ha explicado que estos testimonios son “imprescindibles para contrarrestar el miedo y la xenofobia, reclamar un impulso de las políticas de acogida e integración y exigir una mayor implicación de los gobiernos para abordar los conflictos que provocan la movilidad de las personas”.

A través de la iniciativa #YoSoyTierraDeAcogida se recogerán firmas de la ciudadanía en apoyo de diez peticiones para expresar que la política basada en el control, la seguridad y el cierre de fronteras que se está aplicando en Europa no es la respuesta a la crisis de los refugiados.

Salvar las vidas de las personas que intentan cruzar las fronteras, abrir vías legales y seguras para los refugiados, cumplir con los compromisos de reubicación y reasentamiento, anular el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía y poner fin a las devoluciones automáticas en Ceuta y Melilla figuran entre sus propuestas.

Fuente: estrelladigital.es

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