¿Por qué llegan tantas enfermedades tropicales a España?

La aparición del primer caso en Europa occidental de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) ha ocurrido en España. Un hombre de 62 años, fallecido tras la picadura de una garrapata en Ávila, y una enfermera que atendió al paciente en Madrid son los dos primeros casos. El hombre ha fallecido y la enfermera permanece ingresada “estable dentro de la gravedad” en el Hospital La Paz-Carlos III. Pero ¿qué sabemos realmente de esta enfermedad?

La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es causada por un Nairovirus de la familia Bunyaviridae. Aunque el virus del Ébola produce también una fiebre hemorrágica, el virus causante de la FHCC pertenece a otra familia. El patógeno se ha detectado en las garrapatas duras del género Hyalomma, que actúan tanto como reservorio como transmisor del virus.

Aunque este sea el primer caso detectado en humanos en España, en el año 2010 un equipo del Centro de Rickettsiosis y Enfermedades Transmitidas por Artrópodos Vectores del Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR) halló el virus en garrapatas de ciervos en la provincia de Cáceres. La detección de garrapatas del género Hyalomma en aves migratorias que vuelan desde Marruecos hasta la península ibérica y el análisis de su secuencia genética apunta a la hipótesis de que el virus llegó de África. “La secuencia genética de los virus en las garrapatas en España son muy diferentes de la secuencia genética de los virus que provocan la fiebre hemorrágica en Balcanes”, explica el médico José Antonio Oteo, responsable de ambos trabajos.

La enfermedad, endémica en África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia, ha venido para quedarse. “El calentamiento global está cambiando las rutas migratorias de los animales y que algunas especies se adapten mejor a zonas donde no estaban aclimatadas”, opina José Antonio Oteo, quien cree que el cambio climático tiene un papel en el surgimiento de la FHCC. La mayor parte de casos de la FHCC ocurre en los meses cálidos del año, especialmente durante la primavera y el verano. No se dan casos en invierno porque el artrópodo entra en un estado de hibernación denominado diapausa. Con una subida general de las temperaturas, el periodo de actividad del arácnido será mayor y las probabilidades de que transmita la enfermedad se incrementarán.

El virus infecta, mediante la mordedura de las garrapatas, a animales salvajes y domésticos como vacas, cabras, ovejas, aves y liebres. Estos animales sirven como huéspedes amplificadores para el virus. La transmisión a humanos ocurre por el contacto con garrapatas infectadas o con la sangre y tejidos de animales afectados. El contagio de la enfermera ha ocurrido por contacto con los fluidos corporales o la sangre del paciente cero. El ser humano es el único animal en el que se desarrolla la enfermedad pese a que los huéspedes preferenciales de las garrapatas no son las personas. Afectando sobre todo a personas más expuestas a los parásitos como los granjeros, veterinarios, ganaderos y cazadores.

Los síntomas aparecen repentinamente tras varios días de incubación: dolor de cabeza y otras partes del cuerpo, fiebre alta, vómito, ojos rojos… Uno de cada cuatro pacientes se recupera tras esta fase. El resto desarrolla síntomas hemorrágicos: sangrado de la nariz y en heces, sarpullidos, fallos multiorgánicos… pudiendo acabar en muerte.

Las probabilidades de que el virus se extienda entre la población son “muy pequeñas porque el número de garrapatas infectadas es muy bajo”, explica Oteo, algo tranquilizador por su elevada (entre el 10 y 50%) tasa de mortalidad y carecer de tratamiento. En 2011 el Ministerio de Sanidad publicó un informe sobre el riesgo de transmisión del virus y lo consideró “bajo” aunque no descartaba que “los factores que condicionan la circulación del virus” cambiasen en un futuro. El desuso de terrenos agrícolas y la disminución de la caza, con la consiguiente aparición de maleza en el campo y aumento de la población de animales, tiene relación con un incremento en la población de garrapatas, aumentando las posibilidad de infección con el virus, según el médico del CIBIR.

La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es solo la última de una serie de enfermedades transmisibles de origen tropical que han aparecido recientemente en España. ¿Cuáles son y cómo han llegado a nuestro país? ¿Deben preocuparnos?

Zika

La enfermedad del Zika, con unos síntomas y una evolución similar a la gripe, suele ser asintomática. Su principal característica es que puede causar microcefalia en los fetos. Es causada por un virus de la familia Flaviviridae que se transmite por la picadura de los mosquitos del género Aedes aegypti. Identificado por primera vez en Uganda en 1948, se expandió a Pakistán, Malasia e Indonesia en 1977. Reapareció en Micronesia en 2007 y en 2013 llegó a Tahití. Desde allí se ha desplazado al sureste asiático, Oceanía y buena parte de América.

El riesgo de transmisión del Zika en España es “mínimo porque aunque esté presente el vector en algunas zonas, hay un número muy pequeño de pacientes”, cree Otero. “Es difícil que un mosquito tigre pique a una persona en el período virémico, que dura entre tres y cinco días desde la aparición de los síntomas, y luego pique a otra persona”, añade. Salvo un caso por transmisión sexual en Madrid, los 247 casos en España han sido importados.

El caso de la expansión del zika es paradigmático de los efectos del calentamiento global en la salud pública. “El mejor ejemplo de adaptación de los vectores al aumento global de temperaturas lo estamos viendo con el zika. El mosquito tigre (Aedes albopictus) es de origen asiático y ha dado el salto a América y Europa gracias al comercio y el cambio climático, contribuyendo a que las enfermedades transmitidas por artrópodos amplíen su influencia”, explica Oteo.

Chikunguña

El virus chikunguña, de la familia Togaviridae, provoca dolores en las articulaciones durante un período que puede llegar a durar años. Es transmitido por varias especies de mosquitos del género Aedes, incluido uno que está asentado en zonas costeras de España: el mosquito tigre. No existe un tratamiento específico, pero algunos medicamentos ayudan a paliar los síntomas.

Se descubrió en los años cincuenta en Tanzania, provocó varios brotes en la región y desapareció, pero en 2004 apareció en la isla de la Reunión, en el océano Índico. A partir de ahí se extendió a India, donde hubo millones de casos. Algunos turistas provocaron brotes en España, Italia y Francia y, como el Guadiana, volvió a permanecer oculto. Hasta que en el año 2013 se manifestó en las islas caribeñas y se expandió por toda Sudamérica, afectando a millones de personas.

Tras este último brote, han aparecido en España casos importados de esta enfermedad vírica. Los pacientes han sido personas que han pasado una temporada en zonas donde el mosquito es endémico. En los años 2014 y 2015, en España se registraron 266 y 198 casos respectivamente. En agosto de 2015 se produjo un falso positivo de chikunguña autóctono en Gandía (Valencia).

El invierno ha acabado con los casos de transmisión locales de chikunguña en Europa (el mosquito tigre también ‘hiberna’) pero el calentamiento global supondría una gran oportunidad para los mosquitos Aedes, pudiendo convertir el chikunguña en una enfermedad endémica del sur de Europa. “Existe un riesgo moderado de transmisión autóctona”, según el Ministerio de Sanidad, por “su alta incidencia en varios países” de América, “la frecuente comunicación de España con estos países y la presencia y extensión del vector Aedes albopictus en seis comunidades autónomas”.

Dengue

Otra enfermedad transmitida por mosquitos del género Aedes y de la que podrían registrarse transmisiones locales por un aumento de la temperatura y la globalización es el dengue. En España se diagnostican alrededor de 30 casos importados cada año. En Francia y Croacia ya se han registrado casos autóctonos (infectados dentro de sus propias fronteras) y nuestro país, con un clima similar y la presencia del mosquito tigre, podría ser el siguiente en ‘importar’ el dengue. “El vector está, por lo que las enfermedades que transmite van a llegar. Los números son claros y es cuestión de tiempo”, advirtió Cristina Risco, viróloga del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) en una conversación previa con El Confidencial.

Causada por un virus de la familia Flaviviridae, la misma que la del zika, la dolencia es similar a la gripe pero en ocasiones evoluciona hasta convertirse en un cuadro potencialmente mortal llamado dengue grave. Su incidencia ha aumentado enormemente en las últimas décadas a nivel global. No hay tratamiento específico para el dengue aunque la asistencia por un equipo médico puede reducir notablemente las tasas de mortalidad.

Malaria

El paludismo o malaria, producido por protistas del género Plasmodium, es transmitido por mosquitos del género Anopheles. Casi la mitad de la población mundial corre el riesgo de contraerlo y produce la muerte de 438.000 personas cada año. Aunque existen medicamentos antimaláricos, la resistencias a los fármacos es un problema habitual.

Conocida en España como las fiebres tercianas, la malaria fue endémica de nuestro país hasta 1961. La presencia anual de entre 400 y 600 casos importados en España y la presencia del mosquito transmisor de la enfermedad en nuestro país, sumado a un clima cada vez más favorable para el vector, hace posible aunque improbable la reaparición de la malaria en España, como ocurrió en Grecia durante los peores años de la crisis económica. “Ha habido en los últimos años dos pacientes que no habían viajado a zonas palúdicas. No se ha podido demostrar pero no hay otra explicación sino que hayan contraído el paludismo por mosquitos Anopheles que viven entre nosotros”, señala el investigador del CIBIR.

Ébola

Esta fiebre hemorrágica transmitida principalmente por murciélagos no cuenta con vectores en España. Pese a ello, el primer caso de contagio humano del virus del Ébola fuera de África ocurrió en nuestro país. Aunque no se produjo ninguna transmisión del virus, la enfermera Teresa Romero entró en contacto con decenas de personas antes de ser aislada y pudo haberse extendido la enfermedad.

Los brotes de la enfermedad del virus del Ébola, de la familia Filoviridae, tienen una tasa de mortalidad cercana al 50% y se caracteriza por síntomas similares a los de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo. El mayor brote de la historia ocurrió en África occidental entre los años 2014 y 2016, acabando con la vida de casi 29.000 personas.

Las enfermedades que vienen

La presencia de los vectores, junto con los viajes internacionales cada vez más frecuentes y el calentamiento global, hacen posible que enfermedades como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, zika, chikunguña, dengue y malaria se conviertan en endémicas en España y otros países europeos. Aunque las probabilidades, a corto plazo, son todavía escasas, la mejor forma de prevenirlo es seguir los consejos de los científicos respecto al calentamiento global.

Algo que no ha sucedido en el caso del Crimea-Congo. En una entrevista para ‘El País‘, el virólogo Antonio Tenorio del Centro Nacional de Microbiología (CNM) advirtió en diciembre de 2014 sobre los riesgos que implicaba el virus. “Creo que es una falta de responsabilidad por parte del Gobierno”, afirmó. “Sabemos que es un virus que viene de países donde ha causado brotes con alta mortalidad”, advirtió que “no tener financiación específica para poder estudiarlo y prevenir que pueda haber un salto a humanos es muy preocupante”.

Sus palabras han resultado ser proféticas: “Tenemos que desarrollar sistemas para saber si el ganado o las personas están infectadas. Son cosas que no son investigación, sino salud pública y que requieren una inversión, porque el trabajo de campo es muy caro”. El estudio del virus era casi artesanal, denunciaba Tenorio: “A veces recibimos garrapatas de amigos de la zona y las analizamos, pero eso no se puede hacer así. Hace falta un diseño lógico”.

Fuente: elconfidencial.com

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