La segunda vida de Mbalu (texto completo)

img-20161001-wa0001Mbalu Kabia tiene un año y siete medes de vida. Su piel es de un color negro brillante y vive en Matibo, una villa ubicada en la región de Tonkolili (Sierra Leona). Mbalu sufre la malaria, una enfermedad que había hecho bajar sus nieveles de  hemoglobina a 3 gramos sobre decilitro. Su pronóstico no era bueno, pero el pasado martes le practicaron una transfusión con sangre de su propia madre. Ahora tiene 7,5 gr/dl y se encuentra bien. Sin esa transfusión no habría podido sobrevivir, explica Peligros Folgado, la cara visible de la Fundación Atabal en Extremadura.

Folgado viaja todos los veranos a Sierra Leona para ayudar a la población más pobre de Tonkolili. En otro contexto, la fotografía de Mbalu no la habríamos publicado, porque incita a sentir pena, pero viendo que lo que cuenta es justo lo contrario, hemos querido que se conozca.

La pequeña que aparece en esa imagen está ingresada estos días en la única clínica que existe en la “milla 91”, nombre con el que se conoce a un núcleo de población que dista 91 km de Freetown, la capital de Sierra Leona. Esta región es de las más empobrecidas de un país que, después de una década de guerra y del reciente zarpazo del ébola, tiene uno de los niveles económicos más raquíticos de África.

Antes de comenzar la guerra, las hermanas clarisas crearon una clínica en la “milla 91”, pero en los once años que duró el conflicto el centro quedó arrasado. Ese revés no desanimó a las religiosas, que en 2002 comenzaron la reconstrucción de un hospital que, desde el martes, cuenta con todo el instrumental necesario para realizar transfusiones.

El logro no habría sido posible sin el apoyo de Atabal. Esta fundación con sede en Badajoz financió sus primeros proyectos en África en 2004 y desde 2010 apoya al hospital. Fruto de esa colaboración es el proyecto que presentó en el año 2015 a la Aexcid. La iniciativa recibió los fondos regionales solicitados, con los que se pretende mejorar la situación de la infancia en una región donde el 30% de los niños mueren antes de cumplir los 5 años.

Peligros Folgado expone que la baja esperanza de vida está motivada por la desnutrición, el paludismo y las diarreas infantiles que provocan las aguas contaminadas. En muchas ocasiones los bebés nacen desnutridos porque sus madres sufren hasta dos o tres malarias durante el embarazo. Eso les hace sufrir fuertes anemias y sus hijos, si sobreviven, crecen con fuertes carencias cognitivas.

Para combatir este problema, Atabal elaboró un proyecto que pretendía ofrecer apoyo a las mujeres embarazadas y a los menores de cinco años. Pero además, proponía dotar al hospital de “milla 91” con todo lo necesario para realizar transfusiones de sangre, una solución muy eficaz para combatir los efectos de la malaria, una enfermedad que en zonas más desarrolladas se supera sin excesivos problemas.

Hasta ahora, el hospita más próximo a Tonkolili con capacidad para hacer transfusiones estaba a tres horas, pero el tratamiento tenía un precio prohibitivo para el grueso de la población.

La situación cambió el martes cuando la pequeña Mbalu Kabia revivió. “Para mantener la sangre, los reactivos y las vacunas es necesario garantizar la cadena de frío, pero eso era imposible porque el hospital carecía de suministro eléctrico”, relata Folgado.

Todo ha evolucionado con la colocación de las placas solares que envió Atabal en un contenedor. Técnicos españoles las pusieron en funcionamiento y aprovecharon su visita para formar a técnicos nativos que se encargarán del mantenimiento. Ahora, la clínica dispone de electricidad las 24 horas del día y el martes se puedo realizar con éxito la primera transfusión de sangre. Atabal valora el logro y agradece el apoyo que recibe de la Aexcid y también de los donantes públicos y particulares que soportan sus proyectos.

Con el frigorífico en marcha y las vacunas refrigeradas, se podrá implantar un calendario para que las mujeres gestantes y los niños puedan ser vacunados.

El proyecto de la Aexcid cuenta con un presupuesto de 214.287 euros y contempla construir un pozo que garantizará el acceso al agua potable. También se ha enviado un segundo contenedor de 10 toneladas que lleva medicinas, equipos sanitarios y todo lo necesario para montar un laboratorio. “Se conseguirá algo tan básico como hacer análisis que permitirán diagnosticar las enfermedades”.

Peligros Folgado agradece el apoyo institucional, pero no olvida el esfuerzo que realizan los voluntarios que entregan su vida, o su mes de vacaciones, para que proyectos como este se hagan realidad. “Ahora mismo tenemos allí dos médicos entre ellos una monja de Pamplona que dirige la clínica. Y pronto llegará otro doctor”.

En verano también viajaron a Sierra Leona diez estudiantes de medicina y enfermería que se vaciaron de prejuicios para practicar su furura profesión en un país todavía estigmatizado por el ébola. “Sierra Leona sigue en alerta, habrá brotes de vez en cuando, pero eso no debe impedir que sigamos trabajando. Yo llevo doce años yendo allí y he visto abrir escuelas, pozos, centros de formación profesional… Todo es importante, pero el paso que ahora hemos dado es fundamental: estamos dando vida”.

Fuente: Periodico HOY / 01.10.16 / Evaristo Fernández de Vega

MÁS INFO DEL PROYECTO:

Prevención de la desnutrición infantil y mejora de la salud en la zona de Tonkolili, Sierra leona (2015-2017)

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s