Alberto López, la voz salmantina de la infancia esclavizada en Sierra Leona

articulo-fichero_357531_201705226703800“Mustafá estuvo durante varios años esclavizado, obligado a cargar agua con un peso que triplicaba el suyo, atado y comiendo las sobras junto a los perros”. Este es un ejemplo de las numerosas historias que el salmantino Alberto López se está encontrando, en estos días, en Sierra Leona.

Su labor allí consiste en preparar un documental para Misiones Salesianas y, al mismo tiempo, cada día, lanza a los cuatro vientos los duros relatos de menores cuyos derechos han sido pisoteados y a los que estos religiosos tratan de recuperar. Publicamos a continuación uno de esos reportajes:

Mustafá sólo tiene un punto débil: las cosquillas, el resto es todo bondad. Sin conocerte te abraza, habla por los codos y te responde a todo aunque no entienda casi nada porque sólo habla krio… Detrás se esconde otra infancia rota por la esclavitud y los malos tratos. En Don Bosco Fambul ha visto la luz rodeado de otros niños que lo cuidan, de juegos y de cariño que le ayudarán a recuperarse de las heridas y los traumas mientras la Policía investiga su caso y la responsable directa de su situación duerme en la cárcel.

Dice que tiene 10 años, pero no parece que supere los 7. Es risueño, charlatán y te busca para abrazarte, agarrarte y acompañarte a todos los sitios. De nuevo el ‘Childline’, el número gratuito 323 que los Salesianos tienen para todo el país, salvó la vida de un menor gracias a la llamada de una vecina.

La llamada al 323 es anónima, gratuita y confidencial, como dice el anuncio que hay repartido en instituciones, que llevan muchos taxis y que se ve a menudo en el lugar más imprevisto de la ciudad. En esta ocasión fue una vecina la que dio la voz de alarma. De nuevo el llanto desgarrador de un menor despertó las sospechas de los malos tratos, aunque en esta ocasión había un agravante distinto: “El pequeño, para comer, tiene que disputarle las sobras de la comida que le echaban a los perros”, denunció por teléfono la voz que se identificó como una vecina.

Y así fue. Pero lo que se encontraron los Salesianos fue desolador por las cicatrices que tenía por todo su cuerpo el menor: espalda, pecho, cara, cabeza… El caso fue prioritario para la Policía y citaron a la persona responsable del menor, que resultó ser una tía falsa.

Las historias con menores en Sierra Leona parecen complicarse solas y ésta no fue una excepción. El padre, de un aldea lejos de la capital, entregó a Mustafá a una tía que vivía en la ciudad con la promesa de que le pagaría los estudios, pero nada de esto ocurrió. Esta persona los vendió y Mustafá estuvo durante varios años esclavizado, obligado a cargar agua con un peso que triplicaba el suyo, atado y comiendo las sobras junto a los perros.

Los castigos físicos, algo por desgracia también demasiado normalizado en el país, le han dejado marcas por todo el cuerpo y sólo la compasión de una vecina ha conseguido que su explotadora duerma en la cárcel mientras él se recupera en Don Bosco Fambul.

Los latigazos con una caña de mimbre o bambú son una norma no escrita en Sierra Leona. Todos lo saben, todos lo asumen, pero nadie hace nada por cambiar esa realidad. Pueden ser 12 ó 24 y lo mismo los dan los padres ante cualquier mínima desobediencia que la policía cuando detiene a un menor que anda solo por la calle. Por eso el ambiente que se respira en Don Bosco Fambul cambia tan rápidamente las caras y los cuerpos de los menores de la calle, esclavizados, repudiados y solos en el mundo, porque la norma es “No con golpes, sino con amor”.

Fuente: misionessalesianas.org

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