Chicas en la calle, sin presente y sin ilusión pero con un futuro esperanzador en Don Bosco Fambul

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Si por el día en África todo es bullicio, colorido y alegría, en cuanto el sol se pone lo que por la mañana es ritmo por la noche es ruido, lo que por el día es luminosidad y brillo se torna en oscuridad. No hay farolas en las calles y las linternas son un negocio. El peligro existe aunque no tengas sensación de él y lo saben muy bien centenares de menores que viven en las calles y se dedican a la prostitución para sobrevivir. Ahora, gracias a Don Bosco Fambul, tienen una oportunidad de abandonar ese inframundo y volver a estudiar.

Ninguna es mayor de edad y suelen vivir en grupos. No saben las enfermedades que tienen, ni prácticamente el día en el que viven porque sus vidas son una rutina sin demasiado sentido en las que lo único que importa es sobrevivir y que llegue el día siguiente. Con este presente, cada historia de estas menores es un mundo de dolor, de sufrimiento y resignación, pero también de superación y de valentía por seguir teniendo algún sueño en el futuro y la esperanza de que todo cambie.

Siempre aparentan más años de los que tienen y se muestran espontáneas, locuaces y agradecidas de ser escuchadas y de que se interesen por algo que no sea su cuerpo. Al principio te reciben con miedo, con desconfianza, pero en cuanto los trabajadores sociales y el misionero salesiano que las visita se interesa por sus vidas, por si han comido, por si estudian, si están enfermas,… la sinceridad fluye.

Nina, Isatu, Marilyn, Fátima, Victoria, Mariatzu… la variedad de nombres, de edades y de vicisitudes confluyen en la tragedia de tener que dedicarse todas a la prostitución para poder sobrevivir. A pesar de todo, el aspecto de todas ellas es aseado y contrasta con la dificultad del camino para llegar hasta ellas y, sobre todo con la suciedad y hasta el hedor que las rodea.

Choca tanto que cuerpos tan frágiles no hayan tenido niñez como que haya que agradecerle al ‘chulo’ que les permite vivir en un cuchitril y al que pagan por ello que las ‘cuide’… Entre todas ellas aparece una chica embarazada, por supuesto también menor, más tímida que el resto tal vez porque todavía no ha asimilado su situación de futura maternidad.

Este grupo, como otros tanto que visitan los Salesianos cada noche en distintas zona de la ciudad tiene, sin embargo, suerte. Le ofrecen visitar el Girls Shelter, una casa de acogida donde puede vivir, ducharse, ir a comer, pero también ir al hospital a pasar un reconocimiento médico y hacerse un análisis para saber si están enfermas y poder curarse.

Pero sobre todo, lo que les ofrecen es un futuro, cambiar dolor por sonrisas y un ambiente de cariño y familia junto a otras chicas y poder volver a estudiar y ser adolescentes y jóvenes, que es la edad que les toca vivir.

La buena noticia es que la mayoría acepta el reto de cambiar de vida y no se arrepiente.

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