Esperanza en situaciones límite

refugees-train-9_m_0La televisión está encendida y a través de ella se puede ver, entre anuncios de coches y de perfumes, una realidad lejana que habla de dramas: hambre, guerra, desigualdad….En un entorno de mi salón cuatro objetos que destacan: un jersey apoyado en una silla, un chuletón de carne en un plato sobre la mesa, una puerta de una nevera llena de comida y un teléfono móvil sobre el escritorio.

Ante tal situación me pregunto, qué objeto escogería si me viera obligado a abandonar la casa apresuradamente a causa de conflictos armados, crisis olvidadas y otras situaciones que requieran asistencia, citando algún ejemplo como la hambruna.

Por eso quiero dar voz a las necesidades sociales de las personas, hablarles de rostros, inquietudes, de casos concretos.

Les invito a leer este nuevo artículo hasta el final para conocer la respuesta de inmigrantes de países como Malí, Senegal, Nigeria, Sierra Leona, Guinea, que no puede ser meramente casual que éstas personas de raza negra, se hayan desplazado a lugares tan distante y tan distintos a nuestra cotidianidad.

Llego muy mal de tiempo al polígono industrial de Miller Bajo, me gusta ser puntual, pero por diferentes motivos no llego a la hora, tampoco me importa mucho, pues pienso que los protagonistas de la historia de hoy están sin hacer nada y me estarán esperando a la cita.

Así fué, allí estaban, a lo largo de la calle Diego Vega Sarmiento, pero cual fue mi sorpresa, iluso de mi, ellos tenían un lavadero improvisado donde estaban limpiando y lavando vehículos, así que tuve que esperar un tiempo prudencial a que me pudieran atender.

Mientras tanto yo les observaba, un paño y un cubo de agua con jabón son sus herramientas básicas para limpiar vehículos. Henry es originario de Nigeria, así es como él se busca la vida, teniendo un trabajo precario.

Henry ya está aquí con sus documentos en regla, lleva 16 años en Canarias, llegó desde Sierra Leona en patera hasta la isla de Fuerteventura, careciendo al principio de acceso a servicios básicos, su situación fué irregular. A día de hoy esto le impide obtener un trabajo de calidad. “Esto no es un trabajo”, me dice, señalando el coche que está limpiando.

Suele trabajar sólo, y en grupo, me señala que cuando algún compañero que está en la misma situación que él, no tiene coche para limpiar, él se solidariza para un mejor reparto de beneficios y así sus compañeros puedan llevar a casa algunos euros ya que tienen mujer e hijos y lo que llevan a casa es lo imprescindible para comer.

Henry habla en nombre de los diez compañeros que en este momento se encuentran en la calle, algunos limpiando, otros esperando clientes, otras veces son muchos más, pero como coincide con el mes del Ramadán, por su fe y sus creencias hoy no están. Las edades de ellos rondan entre los 30 a los 50 años, casi todos ellos con estudios. Me confiesa que dejaría de trabajar aquí, limpiando coches si encontraran un trabajo mejor.

Henry suele trabajar en la hostelería, de camarero en periodos vacacionales. El idioma para él no es un problema, ya que sabe español, algo de inglés y la lengua mandinga.

Tres organizaciones no gubernamentales fueron las que intervinieron y les dieron acogida, me lo cuenta afligido, aún le duele recordar todo lo que pasó para llegar hasta aquí, no quise ahondar más, sus ojos empezaron a lagrimar.

Sólo el esfuerzo común realizado por Cruz Roja, Cáritas Diocesana de Canarias y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), han logrado evitar el desamparo de éstas personas y muchas más procedentes del África Subsahariana.

Hoy pongo de manifesto que tanto Henry como sus paisanos llevan en su esencia la dignidad, la esperanza y la capacidad de superación.

Y a las O.N.G., las ganas de luchar por éstas personas.

PEDRO RODRíGUEZ REYES / infonortedigital.com

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