“Construir la resiliencia de las mujeres rurales” (15.10.20)

Las mujeres rurales labran la tierra y plantan las semillas que alimentan naciones enteras. Además, garantizan la seguridad alimentaria de sus poblaciones y ayudan a preparar a sus comunidades frente al cambio climático.

Las campesinas sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y pese a ser tan productivas y buenas gestoras como sus homólogos masculinos, no disponen del mismo acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor (tampoco disfrutan de un acceso equitativo a servicios públicos, como la educación y la asistencia sanitaria, ni a infraestructuras, como el agua y saneamiento),

Las barreras estructurales y las normas sociales discriminatorias limitan el poder de las mujeres rurales en la participación política dentro de sus comunidades y hogares. Su labor es invisible y no remunerada, a pesar de que las tareas aumentan y se endurecen debido a la migración de los hombres. Mundialmente todos los indicadores de género y desarrollo muestran que las campesinas se encuentran en peores condiciones que los hombres del campo y que las mujeres urbanas.

En zonas rurales de Sierra Leona, las mujeres continúan con las labores de agricultura de subsistencia y en la capital se dedican también a la venta ambulante de productos alimenticios y telas principalmente (ellas son las más afectadas cuando los recursos naturales y la agricultura se ven amenazados).

Las principales beneficiarias de uno de los últimos proyectos (en curso) de Fundación Atabal en las zonas rurales de Lungi (en Sierra Leona), son las mujeres que son las que más sufren la feminización de la pobreza, y las jóvenes que buscan un futuro para poder vivir, y muchas veces se ven obligados a vivir en la calle.