Por el fin de las violencias contra las mujeres

50999479901_a0e0acc5c6_o-1033x750Este 25 de noviembre de 2021, La Coordinadora de ONG de Desarrollo exige el fin de las violencias contra las mujeres y contra las niñas y adolescentes. Enmarcadas en la campaña de las Naciones Unidas “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres”, se amplia el enfoque a una perspectiva feminista que integra todo tipo de agresiones.
 
Más allá de las violencias más visibles y extremas, como la violencia sexual o los feminicidios, existen otras muchas que normalmente pasan desapercibidas. Esta realidad se produce por la normalización que el sistema en el que vivimos hace de estas violencias: un sistema patriarcal, machista y racista. Es urgente erradicar los pilares que sustentan ese engranaje, los elementos estructurales que justifican las agresiones, discriminaciones, desigualdades y obstáculos que sufren las mujeres, las niñas y otros colectivos invisibilizados o considerados fuera de la norma general. Una tarea en la que los gobiernos tienen una responsabilidad ineludible.
 
La responsabilidad de los gobiernos
Las organizaciones de cooperación y de solidaridad internacional, demandan que el enfoque feminista empape el conjunto de las políticas públicas. Una cuestión que debe garantizarse desde el enfoque de coherencia entre unas políticas y otras; es decir, toda a acción del Gobierno –económica, educativa, migratoria, medioambiental, de salud, dependencia, etc. – debe incluir esa amplia mirada feminista.
 
Múltiples violencias, enormes consecuencias
La violencia estructural que sufren mujeres y niñas se manifiesta en la desigualdad de oportunidades, la discriminación sexual, capacitista, étnica y racial en todos los ámbitos de la vida. Esto incluye las condiciones laborales: informalidad, precarización, desempleo masivo, diferencia salarial. Incluye también la violencia cultural que se ejerce desde las religiones, el arte o el lenguaje; la violencia psicológica, las amenazas. El impacto del cambio climático es más agudo en la vida de las mujeres (ligadas a la tierra y a los cuidados colectivos). También se produce una exclusión en los espacios de toma de decisiones, en las políticas públicas, en la escasa participación se las mujeres en los procesos de negociación y construcción de paz. Se invisibiliza las contribuciones femeninas a los cuidados y al sostenimiento de la vida; las jornadas eternas de trabajo y la falta de tiempo propio. Sin olvidar la violencia sexual, la ciberviolencia, la trata de personas o los embarazos y matrimonios tempranos y forzosos.
 
En Sierra Leona
 
Diversos estudios han demostrado que difícilmente se denuncia la violencia domestica, siendo estos casos, como mucho, resueltos a nivel familiar.
 
Un aspecto positivo en este campo, es que en los últimos años ha aumentado el número de asociaciones de mujeres que se organizan para pedir paz, democracia y buena gobernanza y que como medio para conseguir esto incluyen el fin de toda violencia de género y la igualdad real entre todos los ciudadanos del país. Algunas de ellas también trabajan con niños y hombres en programas de sensibilización como medio para terminar con esta lacra.
 
El trabajo resulta especialmente necesario en las áreas rurales del país donde todavía las mujeres viven situaciones de injusticia, marginación y violencia, debido a la sociedad patriarcal que impera allí.