“Niñas sin nombre”: voces y fotos para denunciar la prostitución infantil

30261198_1751866358208651_5299176966732120064_nUn proyecto periodístico para dar voz a las 1.000 menores en situación de prostitución en Freetown, la capital de Sierra Leona.

“Niñas sin nombre” es el proyecto en el que se han embarcado el redactor sevillano José Ignacio Martínez y el fotógrafo extremeño Oto Marabel.

Ambos llegaron a este país africano con el objetivo de dar a conocer la labor que realiza la Fundación Atabal, pero una pregunta, la primera que realizaron, les cambió el devenir de su labor.

“Ellas querían y quieren ser visibles”. Por ello, los autores de esta luz en Freetown iniciaron una iniciativa de microfinanciación colectiva con el objetivo de publicar un libro, de unas cien páginas, que ponga nombre y apellidos a estas niñas, que dé cabida a lo que “nos quieren decir” y a lo que reflejan sus rostros.

  • ¡El libro ya está en la calle! (30×30, tapa dura,120pg impreso en papel 170gr)
  • El 20% de los beneficios de este libro se destinará al Girl Shelter Plus, un programa de ayuda y reubicación familiar para estas niñas de la ONG Don Bosco Fambul en Freetown.

 

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Christiana Thorpe se suma a los Objetivos de Desarrollo Sostenible

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEs la primera mujer elegida como Presidenta de la Comisión Electoral de Sierra Leona (entidad que se encarga del procedimiento para organizar y llevar a cabo las elecciones públicas). 

Doctora en Filosofía y Master en Educación y Administración (Honoris Causa) en St. Clemens University (Indias Occidentales Británicas). Fue nombrada ministra de Educación en 1994. Fundó la sección de Sierra Leona del Forum para las Mujeres Educadoras de África (FAWE) en 1995. Presidenta de la Comisión Electoral Nacional de Sierra Leona desde 2005. Ha recibido numerosos premios entre los que destacan Women Peace Maker (Mujeres Creadoras de la Paz), 2004, de Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice, y el Voices of Courage Award (Premio Voces de Coraje) 2006 de la Comisión de Mujeres Refugiadas.

“La profesora”, así la llamaban sus vecinas del barrio pobre de Freetown donde Christiana, junto con una de sus hermanas, fue criada por su abuela. De hecho, a la vuelta del colegio, no jugaba en la calle, sino que se reunía con sus amigas en casa y les contaba todo lo que le habían enseñado por el día. Christiana y su hermana eran las dos únicas privilegiadas del barrio que acudían a la escuela primaria porque pocos eran los padres que hacían de la escolaridad una prioridad para sus hijos. La abuela de Christiana fue, además, su mentora. No solamente la inspiró en su trabajo de educadora por la paz, dada su capacidad única para resolver conflictos dentro de la comunidad donde vivían, sino que fue también la que fomentó su educación religiosa. De hecho, al acabar sus estudios secundarios Christiana se une a las Hermanas Irlandesas del Orden de Saint Joseph de Cluny en Ferbane en Irlanda, donde realiza sus votos de castidad, obediencia y pobreza en 1972.

De vuelta a Sierra Leona, será destinada a una escuela secundaria de su orden donde ejercerá como profesora durante 16 años y más tarde como directora del colegio. Tras advertir que muy pocas niñas completaban su escolaridad, empezó a tomar conciencia de la opresión sufrida por las mujeres y de la necesidad de su emancipación.

La educación marca la diferencia. Christiana inicia por ello acciones de mediación y consulta con objeto de resolver discrepancias dentro de la comunidad, a la vez que empieza a dar clases de alfabetización para mujeres. Se involucra en cuerpo y alma en su nueva tarea. Pero su estatuto de monja restringe sus acciones y no tiene suficiente disponibilidad para cumplir con todas sus responsabilidades. Después de un largo tiempo de reflexión, Christiana decide dejar, no sin dificultad, lo que pensaba que era su vocación, la vida comunitaria y religiosa. En 1991, unos meses antes de tomar su decisión definitiva, Sierra Leona entra en guerra civil, cayendo en el terror y una profunda crisis humanitaria. La rivalidad entre el Gobierno y el Frente de Unión Revolucionaria (RUF), debido más a motivos económicos (el control de las minas de diamantes del país) que a motivos ideológicos, será el motor del propio conflicto armado. Las tropas rebeldes destacaron por el uso de tácticas de terror como violación, abducción de niños para convertirles en soldados o esclavos sexuales, tortura, etc. Más de la mitad de la población, 4,5 millones de personas, se vio obligada a desplazarse.

En ese contexto, Christiana inicia su carrera como promotora y educadora por la paz. En el año 1993, entra en el Ministerio de Educación y al año siguiente es nombrada ministra. Su labor se centró en la lucha contra el analfabetismo y la corrupción dentro del sistema educativo. Miembro del Fórum para las Mujeres Educadoras de África (FAWE), funda en 1995 la sección de la misma en su país, Sierra Leona (FAWE-SL), que se dedica plenamente a la educación de los niños afectados por la guerra.

En colaboración con UNICEF, levanta las primeras escuelas en los campamentos de refugiados en Freetown para los niños que huían del campo. En ellas, aparte de la formación escolar, se les garantiza una comida al día. Christiana siempre hizo hincapié en hacer participar a la comunidad local, utilizar y fomentar las capacidades de los desplazados y permitir el enriquecimiento de la comunidad.

En el año 1997, un golpe de Estado obliga a Christiana, que era ministra de Educación en aquel momento, a exiliarse en Guinea. Allí también colaborará junto a la FAWE en el levantamiento de escuelas en los campamentos de refugiados. Testigo de la gravedad del trauma de los niños, Christiana desarrolla programas aún más amplios, enfocados en la transmisión de una cultura de paz para niños criados en una sociedad no exenta de violencia.

La misión de la FAWE no termina ahí. Viendo el éxito de los programas de educación para la paz hacia los niños, iniciaron con la UNESCO un proyecto de módulo de formación sobre los métodos tradicionales de resolución de conflictos y prácticas de mediación para las mujeres. De hecho, aunque “las mujeres son partícipes en situación de conflictos”, se ven muchas veces “excluidas de las iniciativas de resolución del conflicto”. El programa final consistirá en la toma de conciencia del papel reparador de la mujer en la familia, la comunidad y la escuela.

A lo largo del conflicto, la violación será usada como arma de guerra de forma masiva. Aunque la misión de la FAWE es la educación, ampliará su acción entonces: “Antes de centrarnos en la educación, tenemos que restaurar la dignidad de las mujeres y de las niñas que han sufrido abusos durante la guerra”, dice Christiana. Se desarrolla por ello un programa incluyendo cuidados médicos, atención psicológica, alfabetización y cuidados de los niños (pues numerosas víctimas se quedaron embarazadas). “La educación es una manera de aliviar los traumas”, añade Christiana.

La guerra civil en Sierra Leona concluyó en 2001. Pero no con ello la labor de Christiana. El proceso de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR) y la Comisión por la Verdad y la Reconciliación excluyó a las mujeres. “Todavía queda mucho por hacer”. Christiana afirma que la paz verdadera no llegará hasta que no se erradique la pobreza y la corrupción institucional.

La FAWE-SL ha atendido a más de 10.000 mujeres y niñas desde su creación y Christiana comparte el lema de que “la educación de las mujeres equivale al desarrollo del país”. Le gusta imaginar la existencia de un Centro Permanente por la Paz basado en Sierra Leona donde se pueda aprender y trabajar para y por la paz, un lugar donde se transmita que la educación de las mujeres es el camino hacia la paz.

El trabajo actual de Christiana va más allá de la educación tradicional. Desde el año 2005 es la Jefa Comisaria Electoral de la Comisión Nacional Electoral de Sierra Leona, donde reestructuró el proceso electoral para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2007, organizando y vigilando el proceso de voto y educando para este proceso.

Fuente: CHARLOTTE VAN DEN ABEELE / 1325mujerestejiendolapaz.org

 

Ser mujer en Sierra Leona

1520012580_929816_1520013053_album_normalLa presencia femenina en la política sierraleonesa es realmente escasa: las mujeres solo ocupan el 13% de los sillones parlamentarios. Y las desigualdades entre él y ella son igual de significativas en otros aspectos de la vida diaria.

Como indica el Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) del 2016, elaborado por Naciones Unidas, las niñas irán al colegio de media un año y medio menos que los niños y, en edad adulta, cobrarán 300 euros brutos menos cada año. Dicho escrito, que mide el promedio de los avances en tres dimensiones básicas de desarrollo humano (una vida larga y saludable, conocimientos y un nivel de vida digno) sitúa a Sierra Leona como el noveno país del mundo con un progreso más lento.

Fuente: José Ignacio Martínez / Planeta Futuro

José Ignacio Martínez y Oto Marabel lideran el proyecto de micromecenazgo ‘Niñas sin nombre’

20171207_fotografia_sierraleona3Es un principio elemental del periodismo contar historias, hacerlas cercanas al gran público, para traernos otras visiones de la realidad que nos rodea, u otras realidades, a veces, muchas veces, muy poco gratas. Cualquiera de los soportes, bien empleado, tiene fuerza por sí mismo, pero cuando se trata de la imagen se establece una conexión emocional entre retratado y espectador. El fotógrafo es solo un plasmador de realidad, o mejor dicho, un contador de historias que adquieren la fuerza de la empatía.

Y fuerza, mucha fuerza y mucha verdad tienen las imágenes y las historias que relatan en imágenes y texto dos periodistas extremeños, José Ignacio Martínez y Oto Marabel, creadores e impulsores del proyecto www.niñassinnombre.org Esta iniciativa pretende llamar la atención y ayudar a remediar la situación de gravísima marginación a que se ven sometidas muchas niñas en este país africano, empujadas a la prostitución a una corta edad, y excluidas de la sociedad.

Oto Marabel, reportero gráfico que trabajó en reportajes en Sierra Leona, tuvo conocimiento  de la existencia de estas niñas: “El contacto con estas niñas huérfanas en situación de prostitución me hizo ver que tenía que dar un paso más en mi trabajo como foto periodista y conseguir, más allá de los reportajes que hemos hecho para distintos medios contando su historia y dándoles visibilidad social, editar un libro sacando la belleza que yo veía en ellas, una belleza oculta por el terrible entorno en el que viven con mucha sordidez. Se trata de ponerlas en el mapa, de explicar al mundo que son niñas, niñas que quieren ser escuchadas, que tienen una vida y una historia que contar y que merece ser contada”.

José Ignacio Martínez se manifiesta en el mismo sentido: “Sierra Leona tiene, según www.savethechildren.org más de 310.000 niños huérfanos, el 5% de su población total. A estos niños sólo les queda trabajar, pero las niñas no pueden hacerlo. Las echan de todos sitios. Su única salida es la prostitución. Son niñas de entre 13 y 16 años. Nosotros, en Sierra Leona notamos que cuando una ONG ofrecía ayuda a niños las niñas nunca acudían. Y es que el machismo está muy asentado, al menos en África occidental. A nosotros nos cautivó la historia de estas niñas tras dos días hablando con ellas, y decidimos abordar un proyecto más ambicioso, acorde a su valentía, su entereza, su belleza, sus ganas de vivir, de ser médicos, abogadas, enfermeras, ayudar a sus amigas, etc. Por eso decidimos lanzar este proyecto de micromecenazgo”.

De todas las historias que conocisteis en Sierra Leona, ¿Alguna en particular os llamó la atención?
Oto: Alguna no, muchas. Sierra Leona es un país muy cruel con los niños. Una historia sí me llamó la atención. La de una de las niñas con la que hablamos. Se trata de una niña que por la noche se prostituía y por la mañana iba a estudiar. Vestibes, que es su nombre, tiene 15 años. Quedó huérfana, y lucha por salir de la prostitución, aún con problemas como los ocasionados por contar a una compañera del colegio a qué se dedicaba por las noches. A partir de ahí llegaron los episodios de acoso escolar, el malestar en el colegio, etc. Es una historia de superación increíble. Consiguió cambiar de colegio y la ayuda necesaria para seguir adelante. Es un ejemplo perfecto de la fuerza y la entereza de estas niñas, que se nos contagia a nosotros.
José Ignacio: Hay otra niña, Emma Cámara, de 13 años, que llevaba desde los 8 viviendo en la calle. No entendía muy bien qué era prostituirse. Hacía lo que hacía y le daban dinero, y punto. Esta niña ya ha dejado la prostitución. Ahora está aprendiendo zapatería en un taller. En cuanto vio la oportunidad dejó la calle. Desde que los trabajadores sociales la encontraron pasó un día hasta que se presentó en la misión salesiana. Es una niña muy guapa y sonriente, pero muy madura para la edad que tiene, por lo que le ha tocado vivir.

¿Creéis que en nuestro país hay conciencia del drama que se vive en Sierra Leona?
Oto: Creemos que sí, al menos en Badajoz. Aquí tenemos la suerte de que existe la Fundación Atabal, una asociación que nos abrió las puertas y nos ayudó mucho. España es un país muy solidario, muy abierto a ayudar. Estamos encontrando mucha receptividad para el proyecto, y ganas de ayudar.
José Ignacio: Sí hay conciencia, se conocen las situaciones. Pero hay que ir allí y contarlo. No es lo mismo leer un informe que hablar con las menores que lo sufren, y saber reflejarlo con fotos y testimonios. Pero para este tema un reportaje se nos hacía muy corto, muy poco. Es verdad que en España somos muy solidarios. De hecho, en Sierra Leona las oeneges españolas son siempre las mejor valoradas, porque hacen un trabajo buenísimo. Por eso abrimos este micromecenazgo, por ir más allá del reportaje y contar la historia con sus testimonios con la máxima calidad. Pero este proyecto de libro saldrá adelante solo si el público quiere que se la cuenten así, Y la calidad tiene un coste más grande. Allí, con las niñas, montamos un estudio fotográfico profesional. Lo montamos donde viven las niñas, en lo peor de lo peor, para que ellas se sintieran como lo que son, unas niñas muy guapas y valientes. Se sintieron tratadas como princesas, -agrega Oto- cuando muchas de ellas nunca se habían visto en fotografía. Estaban encantadas, en primer lugar de poder contar su historia. Aunque existe precaución al acercarse a ellas y abordar el tema, de repente todo se vuelve sencillo, porque son ellas las que te lo cuentan, con una naturalidad increíble. Se nota que les gusta contarlo, porque no están acostumbradas a pensar que lo que les ocurre a ellas sea importante para nadie. Y menos que dos hombres –y blancos- se acerquen a ellas con el simple propósito de escucharlas, hablar con ellas y acompañarlas un rato, dedicándoles un gesto de cariño y escuchándolas sin juzgarlas.

¿Qué actuaciones de concienciación estáis realizando?
Oto: Nosotros, tras ver lo que hay allí, estamos haciendo lo que mejor sabemos hacer, que es periodismo. Llegamos allí con un proyecto y presupuesto para una semana. Pero entendimos que en ese plazo solo habíamos visto la punta del iceberg, con lo cual invertimos toda la ganancia en quedarnos tres semanas. Y de esas tres semanas salieron diez reportajes, para El Periódico de Extremadura, El País y otros medios. Tocamos todos los temas. Solo queremos contar aquello de la mejor forma posible. Allí están los cooperantes, pero hacen falta periodistas y fotógrafos que cuenten aquella realidad. Y lo muestren con la dignidad y el esfuerzo que merecen. Y eso requiere que, por ejemplo, nos llevemos un estudio profesional de fotografía y dediquemos nuestra vida a ello, cueste lo que cueste.

Entonces ahora, ¿cómo os puede ayudar la sociedad?
José Ignacio: Hemos abierto el mencionado proyecto de micromecenazgo, cuya información está en la página www.niñassinnombre.org Allí se pueden ver algunas de las fotografías que hemos realizado. La web que hemos elegido para hacer el micromecenazgo es la mejor del mundo para estos proyectos. Es la más utilizada y segura. Ha levantado muchos proyectos ganadores de premios. Si el proyecto no finaliza con éxito se devuelve el dinero. Por si alguien está interesado en colaborar, puede hacerlo mediante varias opciones y optar por la tarjeta de crédito o el ingreso directo en cuenta. Los datos registrados en la página servirán para los envíos de los libros. El libro que pretendemos editar saldrá en Inglés y Castellano, puesto que tenemos mucha demanda de fuera de España. Queremos que tenga la máxima difusión.
Cuando hablábamos con las niñas, por aquello de la protección del menor y más aun cuando se trata de huérfanas, les ofrecimos no sacar ni sus caras ni sus nombres reales en los reportajes. Pero ellas pidieron aparecer con su imagen descubierta y sus nombres. Quieren que se les vea, que su historia llegue a todos. Una historia con cara y nombre llega más al lector.

Sierra Leona es ahora punta de lanza de la entrada de China en África ¿Esto tiene alguna repercusión con respecto a los derechos sociales, y más en lo referido a las niñas?
José Ignacio: Tiene repercusión, pero mala. China está entrando en varios países de la zona, como Mali, Liberia, en África occidental, etc. Sierra Leona depende mucho de sus minas, que se cerraron después de la última guerra en este país, reabrieron y se volvieron a cerrar por un brote de cólera y el posterior de ébola, que mató a 2.000 personas en 2014. Tras esto el país quedó sin socios comerciales europeos y estadounidenses, lo cual aprovechó China, que solo en 2016 incrementó su presencia en este país mediante exportaciones en un 45%, según su consejero económico. China tiene poca conciencia de derechos humanos, seamos claros. Los chinos que trabajan en Sierra Leona son presos criminales penados con hasta 30 años en China que redimen condena trabajando en África durante cinco años, aun a riesgo de morir por enfermedades como la malaria. Hacen con las niñas lo que quieren. El gobierno sierraleones no deja ‘tocar’ a los chinos. Ha habido menos problemas para procesar por violación a ministros del Gobierno que a trabajadores chinos. Los chinos pretenden seguir aumentando su presencia comercial en África, en un ejemplo de colonialismo comercial. Además, se ganan el apoyo de la población construyendo infraestructuras y edificios dotacionales, como hospitales y estadios. Pero en los barrios donde viven las niñas, en la zona portuaria, la cara más visible de los chinos son las mafias, a las que las niñas temen porque se las llevan a los barcos donde viven y abusan de ellas rebasando todos los límites; están a su disposición, y no tienen con ellas ninguna consideración.

El Gobierno del país aprobó en 2011 la ‘Sexual act’ o Ley de actos sexuales, que castiga con penas durísimas a los clientes de prostitución infantil. En Sierra Leona una condena de 15 años de cárcel es la muerte segura, por la dureza de las prisiones. Pero estas niñas son invisibles para las autoridades. Sufren violaciones hasta de las propias autoridades, de la policía cuando van a denunciar violaciones. Les roban el dinero que ganan si no acceden a tener sexo. Están expuestas a todo tipo de contagios, pues sus ‘clientes’ se niegan a que usen preservativos… La ley es muy favorable pero no se cumple, ni por jueces, ni por abogados ni por nadie. Conocemos el caso de una de las niñas, agredida por un ‘cliente’, que acudió a Don Bosco, la misión salesiana con graves lesiones. Jorge Crisafulli, misionero argentino salesiano, la llevó a un hospital, y la respuesta que recibió del médico fue que “cómo gastaba el dinero en esa niña, si esa niña era un despojo. Para qué gastar dinero en ella habiendo otra gente que lo necesita”. Esta es la respuesta que da un médico, lo que indica el nivel de degradación social que padecen las niñas. Esa invisibilidad social nos protege. Les importan tan poco las niñas que a nadie le importa quien hable con ellas. De hecho, la primera noche que fuimos a hablar con ellas fueron las mismas niñas quienes nos protegieron para salir del callejón donde viven.

Y es que a la hora de la verdad, solo Misiones Salesianas trabaja en Freetown, la capital, por sacarlas de la calle, atenderlas y dar la cara por ellas. Hay oeneges que les dan preservativos, que les dan comida, pero su gran problema es que ni ellas mismas sienten que sean algo para la sociedad, que tengan derecho a denunciar su situación ni ningún derecho. Necesitan visibilidad, son solo niñas que pasan una mala etapa.

Fuente: Anuncia Maján / grada.es