Se cumplen 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

SIERRA LEONA AGOSTO DEL 2004 272“Las mujeres se han erigido a lo largo de 2018 en la vanguardia de la lucha por los derechos humanos, impulsadas por su voluntad de resistencia a las numerosas injusticias de las que siguen siendo objeto en todo el mundo, tal como destaca el informe de Amnistía Internacional, que se centra en repasar su doble vertiente de víctimas y luchadoras por la igualdad”.

Según otro informe de Save The Children, Sierra Leona es uno de los 10 peores lugares del mundo para nacer. Más del 10% de los bebés no llega a cumplir cinco años y el 37% de menores entre cinco y 14 años trabaja. Para las niñas, la carga es mayor. Incluso la ley que debería velar por ellas es una trampa. La mayoría de los matrimonios no se formalizan, con lo que los maridos las pueden echar en cualquier momento sin derecho a nada. Si denuncian maltrato o violación, por ser menores su caso pasará a un tribunal superior. Sin dinero para asistir a los juicios, será sobreseído. Además, la lentitud de la justicia hace que al perpetrador de los abusos le dé tiempo a huir, comprar a los padres o hacer desaparecer a la niña en las redes de trata.

Las sierraleonesas suelen parir en casa, sin electricidad ni agua corriente, sábanas o equipos estériles, médicos, medicamentos o quirófanos. Además, la mayoría tiene a su primer bebé demasiado pronto. Según la ONU, dos de cada cuatro niñas se casan antes de cumplir 18 años, cifra que aumenta a un 61% en las zonas rurales. La tasa de maternidad adolescentees de 116,7 partos por cada mil menores; casi un 30% ha estado embarazada al menos una vez antes de los 19 años, en la mayoría de los casos por abusos o al intercambiar sexo por comida. El 50% de las mujeres del país ha sido violada al menos una vez en su vida y el 85% tuvo su primer encuentro sexual con un hombre más de 10 años mayor que ella.

Fuente: rtve & elmundo.es / Foto: Fundación Atabal

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“Niñas sin nombre”: voces y fotos para denunciar la prostitución infantil

30261198_1751866358208651_5299176966732120064_nUn proyecto periodístico para dar voz a las 1.000 menores en situación de prostitución en Freetown, la capital de Sierra Leona.

“Niñas sin nombre” es el proyecto en el que se han embarcado el redactor sevillano José Ignacio Martínez y el fotógrafo extremeño Oto Marabel.

Ambos llegaron a este país africano con el objetivo de dar a conocer la labor que realiza la Fundación Atabal, pero una pregunta, la primera que realizaron, les cambió el devenir de su labor.

“Ellas querían y quieren ser visibles”. Por ello, los autores de esta luz en Freetown iniciaron una iniciativa de microfinanciación colectiva con el objetivo de publicar un libro, de unas cien páginas, que ponga nombre y apellidos a estas niñas, que dé cabida a lo que “nos quieren decir” y a lo que reflejan sus rostros.

  • ¡El libro ya está en la calle! (30×30, tapa dura,120pg impreso en papel 170gr)
  • El 20% de los beneficios de este libro se destinará al Girl Shelter Plus, un programa de ayuda y reubicación familiar para estas niñas de la ONG Don Bosco Fambul en Freetown.

 

Christiana Thorpe se suma a los Objetivos de Desarrollo Sostenible

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEs la primera mujer elegida como Presidenta de la Comisión Electoral de Sierra Leona (entidad que se encarga del procedimiento para organizar y llevar a cabo las elecciones públicas). 

Doctora en Filosofía y Master en Educación y Administración (Honoris Causa) en St. Clemens University (Indias Occidentales Británicas). Fue nombrada ministra de Educación en 1994. Fundó la sección de Sierra Leona del Forum para las Mujeres Educadoras de África (FAWE) en 1995. Presidenta de la Comisión Electoral Nacional de Sierra Leona desde 2005. Ha recibido numerosos premios entre los que destacan Women Peace Maker (Mujeres Creadoras de la Paz), 2004, de Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice, y el Voices of Courage Award (Premio Voces de Coraje) 2006 de la Comisión de Mujeres Refugiadas.

“La profesora”, así la llamaban sus vecinas del barrio pobre de Freetown donde Christiana, junto con una de sus hermanas, fue criada por su abuela. De hecho, a la vuelta del colegio, no jugaba en la calle, sino que se reunía con sus amigas en casa y les contaba todo lo que le habían enseñado por el día. Christiana y su hermana eran las dos únicas privilegiadas del barrio que acudían a la escuela primaria porque pocos eran los padres que hacían de la escolaridad una prioridad para sus hijos. La abuela de Christiana fue, además, su mentora. No solamente la inspiró en su trabajo de educadora por la paz, dada su capacidad única para resolver conflictos dentro de la comunidad donde vivían, sino que fue también la que fomentó su educación religiosa. De hecho, al acabar sus estudios secundarios Christiana se une a las Hermanas Irlandesas del Orden de Saint Joseph de Cluny en Ferbane en Irlanda, donde realiza sus votos de castidad, obediencia y pobreza en 1972.

De vuelta a Sierra Leona, será destinada a una escuela secundaria de su orden donde ejercerá como profesora durante 16 años y más tarde como directora del colegio. Tras advertir que muy pocas niñas completaban su escolaridad, empezó a tomar conciencia de la opresión sufrida por las mujeres y de la necesidad de su emancipación.

La educación marca la diferencia. Christiana inicia por ello acciones de mediación y consulta con objeto de resolver discrepancias dentro de la comunidad, a la vez que empieza a dar clases de alfabetización para mujeres. Se involucra en cuerpo y alma en su nueva tarea. Pero su estatuto de monja restringe sus acciones y no tiene suficiente disponibilidad para cumplir con todas sus responsabilidades. Después de un largo tiempo de reflexión, Christiana decide dejar, no sin dificultad, lo que pensaba que era su vocación, la vida comunitaria y religiosa. En 1991, unos meses antes de tomar su decisión definitiva, Sierra Leona entra en guerra civil, cayendo en el terror y una profunda crisis humanitaria. La rivalidad entre el Gobierno y el Frente de Unión Revolucionaria (RUF), debido más a motivos económicos (el control de las minas de diamantes del país) que a motivos ideológicos, será el motor del propio conflicto armado. Las tropas rebeldes destacaron por el uso de tácticas de terror como violación, abducción de niños para convertirles en soldados o esclavos sexuales, tortura, etc. Más de la mitad de la población, 4,5 millones de personas, se vio obligada a desplazarse.

En ese contexto, Christiana inicia su carrera como promotora y educadora por la paz. En el año 1993, entra en el Ministerio de Educación y al año siguiente es nombrada ministra. Su labor se centró en la lucha contra el analfabetismo y la corrupción dentro del sistema educativo. Miembro del Fórum para las Mujeres Educadoras de África (FAWE), funda en 1995 la sección de la misma en su país, Sierra Leona (FAWE-SL), que se dedica plenamente a la educación de los niños afectados por la guerra.

En colaboración con UNICEF, levanta las primeras escuelas en los campamentos de refugiados en Freetown para los niños que huían del campo. En ellas, aparte de la formación escolar, se les garantiza una comida al día. Christiana siempre hizo hincapié en hacer participar a la comunidad local, utilizar y fomentar las capacidades de los desplazados y permitir el enriquecimiento de la comunidad.

En el año 1997, un golpe de Estado obliga a Christiana, que era ministra de Educación en aquel momento, a exiliarse en Guinea. Allí también colaborará junto a la FAWE en el levantamiento de escuelas en los campamentos de refugiados. Testigo de la gravedad del trauma de los niños, Christiana desarrolla programas aún más amplios, enfocados en la transmisión de una cultura de paz para niños criados en una sociedad no exenta de violencia.

La misión de la FAWE no termina ahí. Viendo el éxito de los programas de educación para la paz hacia los niños, iniciaron con la UNESCO un proyecto de módulo de formación sobre los métodos tradicionales de resolución de conflictos y prácticas de mediación para las mujeres. De hecho, aunque “las mujeres son partícipes en situación de conflictos”, se ven muchas veces “excluidas de las iniciativas de resolución del conflicto”. El programa final consistirá en la toma de conciencia del papel reparador de la mujer en la familia, la comunidad y la escuela.

A lo largo del conflicto, la violación será usada como arma de guerra de forma masiva. Aunque la misión de la FAWE es la educación, ampliará su acción entonces: “Antes de centrarnos en la educación, tenemos que restaurar la dignidad de las mujeres y de las niñas que han sufrido abusos durante la guerra”, dice Christiana. Se desarrolla por ello un programa incluyendo cuidados médicos, atención psicológica, alfabetización y cuidados de los niños (pues numerosas víctimas se quedaron embarazadas). “La educación es una manera de aliviar los traumas”, añade Christiana.

La guerra civil en Sierra Leona concluyó en 2001. Pero no con ello la labor de Christiana. El proceso de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR) y la Comisión por la Verdad y la Reconciliación excluyó a las mujeres. “Todavía queda mucho por hacer”. Christiana afirma que la paz verdadera no llegará hasta que no se erradique la pobreza y la corrupción institucional.

La FAWE-SL ha atendido a más de 10.000 mujeres y niñas desde su creación y Christiana comparte el lema de que “la educación de las mujeres equivale al desarrollo del país”. Le gusta imaginar la existencia de un Centro Permanente por la Paz basado en Sierra Leona donde se pueda aprender y trabajar para y por la paz, un lugar donde se transmita que la educación de las mujeres es el camino hacia la paz.

El trabajo actual de Christiana va más allá de la educación tradicional. Desde el año 2005 es la Jefa Comisaria Electoral de la Comisión Nacional Electoral de Sierra Leona, donde reestructuró el proceso electoral para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2007, organizando y vigilando el proceso de voto y educando para este proceso.

Fuente: CHARLOTTE VAN DEN ABEELE / 1325mujerestejiendolapaz.org

 

Ser mujer en Sierra Leona

1520012580_929816_1520013053_album_normalLa presencia femenina en la política sierraleonesa es realmente escasa: las mujeres solo ocupan el 13% de los sillones parlamentarios. Y las desigualdades entre él y ella son igual de significativas en otros aspectos de la vida diaria.

Como indica el Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) del 2016, elaborado por Naciones Unidas, las niñas irán al colegio de media un año y medio menos que los niños y, en edad adulta, cobrarán 300 euros brutos menos cada año. Dicho escrito, que mide el promedio de los avances en tres dimensiones básicas de desarrollo humano (una vida larga y saludable, conocimientos y un nivel de vida digno) sitúa a Sierra Leona como el noveno país del mundo con un progreso más lento.

Fuente: José Ignacio Martínez / Planeta Futuro